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Apariciones
de Jos Carlos Becerra

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Jos Carlos Becerra

    
    Editora del fonograma:
    Voz Viva de Mxico. UNAM

por Julio Trujillo    
  


Apariciones


Sometimes these cogitations still amaze
The troubled midnight and the noons repose
.
T.S. Elliot


Aquel rbol, al atardecer,
el aleteo apresurado de un pjaro, el crujido de una rama, la luz sobre la yerba como una obsesin sagrada,
la penumbra de un cuarto, la ventana entreabierta,
sobre la mesa un rayo del poniente como la mano de una nia inmvil,
nuestras voces y nuestros rumores como saliendo de un pozo profundo o de un gran ademn de la muerte.

Todo aquello respiraba en nosotros,
todo aquello pona su peso en nuestro corazn, su luminosa y quieta avalancha,
su pesada gota de vida humedeciendo ciertas entradas del alma,
ciertas cavidades donde el deseo y el recuerdo comparten sus talleres.
Todo aquello pona por un momento su otra parte en nosotros;
la blancura de tu cuerpo pareca un hermoso deshielo, un ro atormentado por sus inclinaciones al mar,
la luz del sol posada en lo que sentamos al otro lado del beso;
y todo aquello nos perteneca de la misma manera que nos alejaba,
de la misma manera que el tiempo introduca en nosotros aquello que ramos,
mientras el atardecer se iba volviendo hermoso y antiguo
como la nave mayor de un gran templo.

De quin son ahora estas palabras?
Qu movimiento realizan en la conclusin de mis actos?
Qu apariciones y qu ausencias las hacen posibles?
Quin las est escuchando? Quin las dir de nuevo?
He aqu la vocacin de recordarlo,
he aqu el instante en que es necesario que el sueo se saque de su interior sus vestiduras,
con un movimiento de prestidigitacin;
es necesaria esta invocacin, este derrame de aguas y signos y transcripciones nocturnas:
tus ojos eran ms bellos que las grutas donde el mar es, al fin, la oscuridad de lo azul,
todo tu cuerpo me convenca de esas aguas donde la profundidad desequilibra toda actitud de vida sin compartirla con el abismo,
y las espumas de esas olas se detenan y se quedaban inmviles en tu cintura y en tu cuello, en el temblor de tus senos,
como esperando playas ms all de s mismas,
y esas espumas organizaban el mar en tu cuerpo
y yo senta la forma disuelta de tus cabellos sobre tus hombros,
tus cabellos que parecan caer de entre las manos del poniente,
y en tanta luz era la oscuridad la que guiaba mis pasos.

Oh imgenes, descubrimientos reservados a la pasin:
entonces la volcadura, el cuerpo donde comienza la exploracin del mundo,
la invencin de los mares donde el viaje sostiene los antiguos caminos de los hombres,
aguas donde los navegantes abandonan la brjula y el portulano
y la orientacin, a partir de entonces,
ser confiada a lo que diga el viento.

Oh imgenes, mediaciones entre el hombre y su sueo;
una tarde, el campo, los cerros esbozados por una luz ltima que casi los haca de nuevo,
el crepsculo sobre las pequeas casas, las mujeres sentadas a sus puertas,
los nios jugando, los pirules pasndose la brisa los unos a los otros;
lo recuerdo muy bien, lo establezco, lo invento dentro de mi,
me cercioro de estas ausencias, me hundo en esas ausencias, en el ritmo que el anochecer iba cedindole al campo.

Ahora lo busco en mi imaginacin;
la casa en el valle, el olor del jardn,
el sabor un tanto amargo de aquellas yerbas que distradamente mordamos mientras hablbamos,
la penumbra del cuarto, el rumor de tus pies descalzos por el piso de barro,
los gritos de los nios all afuera, la alta ventana por donde mirbamos desde la cama
el vuelo de aquel pjaro donde la tarde cubra sus ltimos tramos.

Dame ahora otros instrumentos para llamarte,
la posesin de un lenguaje donde pueda escucharse el ruido de puertas y ventanas
golpeadas por el viento que corre por estas imgenes, por estos sitios de representaciones equvocas.
Dame ahora otras palabras para reconocerte, dame ahora otros signos para destruirte;
que la imagen proceda a la deformacin de aquella belleza para encontrar su propia belleza;
la belleza irrescatable a la sobra imposible de nuestros actos
(todava contemplo no s si recuerdo tu vestido verde cado en mitad del cuarto).

Todo es vano, por lo menos ahora en que t, detenida al borde de otros acontecimientos,
tal vez tambin vacilas ante el rpido vuelo, ante el breve aleteo de ciertas imgenes.
Oh tardes de entonces, reflejos que se deslizaban por el descubrimiento de una presencia,
por el canto de una libertad que iluminaba
sus centros de azar y exploracin con juveniles umbrales.

Oh tardes de entonces,
enciendo estas palabras para iluminar los angostos pasillos de estas escasas descripciones,
enciendo estas palabras para quemar las ltimas hojas,
las consecuencias de esta obstinada pgina en blanco.




De: Relacin de los hechos



JOS CARLOS BECERRA


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