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palabra virtual


Jaime Sabines en el Palacio de Bellas Artes    

    Editora del videograma:    
    Instituto Nacional de Bellas Artes. 1996.        
por Jaime Sabines    
  

    Este poema forma parte del acervo de la audiovideoteca
    de Palabra Virtual

La procesin del entierro...


La procesin del entierro en las calles de la ciudad es ominosamente pattica. Detrs del carro que lleva el cadver, va el autobs, o los autobuses negros, con los dolientes, familiares y amigos. Las dos o tres personas llorosas, a quienes de verdad les duele, son ultrajadas por los clxones vecinos, por los gritos de los voceadores, por las risas de los transentes, por la terrible indiferencia del mundo. La carroza avanza, se detiene, acelera de nuevo, y uno piensa que hasta los muertos tienen que respetar las seales de trnsito. Es un entierro urbano, decente y expedito.

No tiene la solemnidad ni la ternura del entierro en provincia. Una vez vi a un campesino llevando sobre los hombros una caja pequea y blanca. Era una nia, tal vez su hija. Detrs de l no iba nadie, ni siquiera una de esas vecinas que se echan el rebozo sobre la cara y se ponen serias, como si pensaran en la muerte. El campesino iba solo, a media calle, apretado el sombrero con una de las manos sobre la caja blanca. Al llegar al centro de la poblacin iban cuatro carros detrs de l, cuatro carros de desconocidos que no se haban atrevido a pasarlo.

Es claro que no quiero que me entierren. Pero si algn da ha de ser, prefiero que me encierren en el stano de la casa, a ir muerto por las calles de Dios sin que nadie se d cuenta de m. Porque si amo profundamente esta maravillosa indiferencia del mundo hacia mi vida, deseo tambin fervorosamente que mi cadver sea respetado.



De: Diario semanario y poemas en prosa



JAIME SABINES





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