☰ menú
 


Danza de la muerte

El mascarn. Mirad el mascarn!
Cmo viene del frica a New York!



Se fueron los rboles de la pimienta,
los pequeos botones de fsforo.
Se fueron los camellos de carne desgarrada
y los valles de luz que el cisne levantaba con el pico.

Era el momento de las cosas secas,
de la espiga en el ojo y el gato laminado,
del xido de hierro de los grandes puentes
y el definitivo silencio del corcho.

Era la gran reunin de los animales muertos,
traspasados por las espadas de la luz;
la alegra eterna del hipoptamo con las pezuas de ceniza
y de la gacela con una siempreviva en la garganta.

En la marchita soledad sin honda
el abollado mascarn danzaba.
Medio lado del mundo era de arena,
mercurio y sol dormido el otro medio.

El mascarn. Mirad el mascarn!
!Arena, caimn y miedo sobre Nueva York!


Desfiladeros de cal aprisionaban un cielo vaco
donde sonaban las voces de los que mueren bajo el guano.
Un cielo mondado y puro, idntico a s mismo,
con el bozo y lirio agudo de sus montaas invisibles,

acab con los ms leves tallitos del canto
y se fue al diluvio empaquetado de la savia,
a travs del descanso de los ltimos desfiles,
levantando con el rabo pedazos de espejos.

Cuando el chino lloraba en el tejado
sin encontrar el desnudo de su mujer
y el director del banco observando el manmetro
que mide el cruel silencio de la moneda,
el mascarn llegaba al Wall Street.

No es extrao para la danza
este columbario que pone los ojos amarillos.
De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso
que atraviesa el corazn de todos los nios pobres.
El mpetu primitivo baila con el mpetu mecnico,
ignorantes en su frenes de la luz original.
Porque si la rueda olvida su frmula,
ya puede cantar desnuda con las manadas de caballos:
y si una llama quema los helados proyectos,
el cielo tendr que huir ante el tumulto de las ventanas.

No es extrao este sitio para la danza, yo lo digo.
El mascarn bailar entre columnas de sangre y de nmeros,
entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados
que aullarn, noche oscura, por tu tiempo sin luces,
oh salvaje Norteamrica! oh impdica! oh salvaje,
tendida en la frontera de la nieve!

El mascarn. Mirad el mascarn!
Qu ola de fango y lucirnaga sobre Nueva York!


Yo estaba en la terraza luchando con la luna.
Enjambres de ventanas acribillaban un muslo de la noche.
En mis ojos beban las dulces vacas de los cielos.
Y las brisas de largos remos
golpeaban los cenicientos cristales de Broadway.

La gota de sangre buscaba la luz de la yema del astro
para fingir una muerta semilla de manzana.
El aire de la llanura, empujado por los pastores,
temblaba con un miedo de molusco sin concha.

Pero no son los muertos los que bailan,
estoy seguro.
Los muertos estn embebidos, devorando sus propias manos.
Son los otros los que bailan con el mascarn y su vihuela;
son los otros, los borrachos de plata, los hombres fros,
los que crecen en el cruce de los muslos y llamas duras,
los que buscan la lombriz en el paisaje de las escaleras,
los que beben en el banco lgrimas de nia muerta
o los que comen por las esquinas diminutas pirmides del alba.

Que no baile el Papa!
No, que no baile el Papa!
Ni el Rey,
ni el millonario de dientes azules,
ni las bailarinas secas de las catedrales,
ni constructores, ni esmeraldas, ni locos, ni sodomitas.
Slo este mascarn,
este mascarn de vieja escarlatina,
slo este mascarn!

Que ya las cobras silbarn por los ltimos pisos,
que ya las ortigas estremecern patios y terrazas,
que ya la Bolsa ser una pirmide de musgo,
que ya vendrn lianas despus de los fusiles
y muy pronto, muy pronto, muy pronto.
Ay, Wall Street!

El mascarn. Mirad el mascarn!
Cmo escupe veneno de bosque
por la angustia imperfecta de Nueva York!


Diciembre 1929



De: Poeta en Nueva York



FEDERICO GARCÍA LORCA

hits

1,760,312 lecturas del poema




regresar