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De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios (IX)

Para escribir una cancin que empiece en anacrusa,
es necesario portar un traje de terciopelo negro
y nadar en el Rin a la luz de la luna decas,
mientras tu silueta de larga cabellera silbaba el
rond de un msico polaco.
Entonces tu rostro revelaba el surco de las arrugas
y se confunda con el humo de tu pipa
y la espuma de tu cerveza.
Una caravana de recuerdos extensos te rodeaba con
la firmeza de las madres que abrazan a sus hijos
hasta asfixiarlos.
Por tu mente cruzaban las golondrinas de Zwickau
y en ese torbellino de imgenes celestes
mordisqueabas los dedos de la nia Clara
y su fiel transparencia de racimo.
Sbitamente detenas el curso de tu sangre.
Arrojabas la cerveza a la cara de Dios, apagabas tu
pipa en la nariz del Diablo y gritabas, como un rey
criminal entumecido:
Por qu tena que estar yo en el centro de la tormenta?




Seleccin: Eduardo Miln y Ernesto Lumbreras

FRANCISCO HERNÁNDEZ

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