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Tala

Llvese estos ojos, piedritas de colores,
esta nariz de ttem, estos labios que saben
todas las tablas de multiplicar y las poesas ms selectas.

Le doy la cara entera, con la lengua y el pelo,
me quito uas y dientes y le completo el peso.

No sirve
esta manera de sentir. Qu ojos ni qu dedos.
Ni esa comida recalentada, la memoria,
ni la atencin, como una cotorrita perniciosa.
Tome las inducciones y las perchas
donde cuelgan palabras lavadas y planchadas.
Arree con la casa, fuera todo,
djeme como un hueco o una estaca.

Tal vez entonces, cuando no me valga
la generosidad de Dios, ese boy-scout,
y est igual que la alfombra que ha aguantado
su lenta lluvia de zapatos ochenta aos
y es urdimbre noms, claro esqueleto donde
se borraron los ricos pavorreales de plata,

puede ser que sin voz diga tu nombre cierto,
puede ocurrir que alcance sin manos tu cintura.


(De: Algunos pameos y otros prosemas -Salvo el crepsculo
Coleccin dirigida por Ana Mara Moix)


JULIO CORTÁZAR




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