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Ángelus amoroso

Y nada más: para las primaveras
tendremos en las tardes montesinas
la intimidad del agua en las praderas
y el ángelus violeta en las colinas.

Campanas lentamente cristalinas,
pétalos de dulzuras postrimeras
y ensoñación de sol en las cortinas
y florecer en las enredaderas.

Y —como en las historias de ermitaños—
que nos colme un aroma, el de los años,
una lumbre de amor que nos aguarde,

y un cansado balcón que mire hacia
lo más remoto que nos dé su gracia
el azul difundido de la tarde...



De: Ánfora sedienta

RAFAEL HELIODORO VALLE

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