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Me paro ante una iglesia altiva, esttica,
emboscada en la noche, como un monstruo
enorme dormitando a la intemperie.
Un da ella fue centro jubiloso
de una palabra mgica, increble.
Una palabra sola, inmensa, grande.
Caba el mundo entero en ella: Dios.
Era ella el mundo entero. Ms an.
Era, ella, sola, el mundo. Tan slo ella.
Pero nuevas palabras la acosaron
golpeando su distante placidez.
Y roto el cascarn verti su nada
viscosa: no conciencia tras la muerte.
No hay por qu lamentarse. En m ya es hbito
perder. Tanto en lo abstracto como fsico.
Me aparto resentido. Entre unas ramas
con precaucin se asoma una farola.
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Si pudiera volver a mi pasado...
A aquella adolescencia ingenua y tmida.
A la incgnita que representaba
para mis familiares, para m,
mi porvenir repleto de promesas.
Yo sera importante y poderoso.
No saba por qu, cmo ni cundo.
Pero ello no importaba. Lo sera.
Estaba destinado a grandes cosas.
Los diarios dedicranme amplias pginas.
Tendra que firmar miles de autgrafos.
Y fuera mi intelecto celebrado.
Me admiraran todos. Aun aquellos
que me mostraran slo indiferencia.
Un da no s cmo, por qu, cuando,
yo sera importante y poderoso.
Todo ha salido mal. Quiz no he hecho
bien las cosas. No di con la manera
apropiada, tal vez, para que salgan
bien las cosas. O porque emprend cosas
que nunca me podran salir bien.
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Y estoy envejeciendo. Mas rechazo
esta figura ma en el camino
del penltimo tramo de la vida.
Antes tengo que usar la juventud.
Estos aos atrs, que dicen jvenes,
tuve que dedicarlos a buscar
amor, gloria, dinero... No poda
detenerme a vivir. Era lo urgente
atrapar el amor, gloria y dinero.
Deba sorprenderlos en atajos
que iran sealndome mis obras.
Estaba tan seguro! Ganara
un lugar prominente en el Olimpo.
Y trabaj y sufr. No tengo nada.
Necesito ms tiempo de ser joven
pues trabaj y sufr para poseer
amor, gloria y dinero siendo joven.
Y nada he conseguido. Ni ser joven.
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Deba haber vivido diariamente.
Vivir no ms all de cada da.
Plenamente vivir todos los das
pensando en cada da que se vive.
No en el vivir de ayer, maana... El da
solo de la existencia cotidiana.
El da que se vive diariamente.
Ese da que nunca yo he vivido.
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Si oteo mi pasado slo avisto
recuerdos agradables de pelculas
y libros. La ficcin y personajes
asumidos por m como algo propio.
Y sueos inventados que sembraba
para segar amor, gloria y dinero.
Cual si mi vida real hubiera sido
la vida no vivida por mi cuenta.
Cuando he debido hacerlo por m mismo
todo ha salido mal. Y an mal me sale.
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Acaso soy mejor yo que los otros?
Son mi cuerpo y espritu especiales?
Acaso soy yo un hroe excepcional
de esos de las pelculas y libros?
He de asentar los pies sobre la tierra.
Verme como el sinnimo ruinoso
de uno ms del tropel de los humanos.
Alguien muy parecido a aquellos otros
que yo he menospreciado muchas veces.
Por qu, pues, no sumarme en el gran nmero?
Y por qu no me acepto en mi destino
si es vano rebelarse? No se puede.
No es posible escapar de lo que es uno.
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Es triste, y tal vez grato, demostrarse
nfimo, incomprendido, desdichado.
Deambular por la vida como gota
minscula aferrada a una gran nube.
El ser ha regresado a sus fronteras
primeras, las recnditas, su esencia.
Casi aturdido germen reducido
a s mismo, en s mismo nicamente.
Solo consigo mismo. Aun excluyndome
a m que formo parte de ese yo ltimo.
De ese yo incomprendido, desdichado,
capaz de renunciar hasta s mismo.
38
Qu experimentaron los que han triunfado?
Los que el xito ha aupado a los altares
de la televisin en horas punta.
Su existencia ser maravillosa.
Se instalan en lujosas suites de hoteles
con los precios de vrtigo, asediados
por mujeres bellsimas, fruyendo
bebidas y manjares exquisitos.
Admirados, mimados, envidiados
por una multitud que les aplaude.
Y es risible que enuncien que los clebres
de hoy son los olvidados de maana.
Yo paso por la vida de olvidado
sin haber sido clebre un instante.
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Nada ha salido igual a lo pensado.
Pero entonces por qu se nos impuso
guardar en la razn la miel del sueo
si nos impiden luego degustarla?
Hubiera sido mucho ms piadoso
el habernos dejado en la frontera
del no pensar, sentir, no soar nada.
Quedar en el no ser, nunca haber sido.
Cunto dolor se ha ahorrado y cunto odio
se, el que no ha nacido, aunque lo ignore.
Lo sabemos nosotros que vivimos,
que intuimos la nada. Y lo envidiamos.
40
Subo las escaleras de mi casa
despacio, descontento, taciturno.
Tan slo un pensamiento me conforta:
Las casas estn llenas de frustrados.
De seres, como yo, sin aptitudes
para ser singulares en enjambres
pese a aspirar brillara su luz propia.
Y poco a poco fueron acogindose
a un amor, profesin, final destino
que no era el que anhelaran. Y estn solos.
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Entro en mi habitacin. Entramos ambos
mutuamente, eludindonos, sombros.
Est cansado. Noto su cansancio.
Antes no me cansaba con mi cuerpo.
Le miro en el espejo. Est en silencio.
Abatido. Presume su derrota.
Pesaroso. Le escupo varias veces.
Tal vez me compadece y le doy lstima.
Acaso me comprende y me disculpa.
Quizs l tambin sufre al conocerse
indeseado en m y juzga que es intil
pretender que tolere su presencia.
Le aborrezco, es verdad. Y mi desprecio
se extiende por su rostro palidsimo
como spera maleza por el monte.
Y golpeo el cristal que me lo muestra.
Hasta que le hago huir de mi mirada
sangrndole las manos. O son mas,
por el dolor que corre entre los dedos
y vocifera alertas a mi mente?
Pero est ah, en el suelo. En mil lugares
se distingue su faz atribulada
que me observa. Y transforma su expresin
en la actitud absorta que era ma.
42
Dejo correr la sangre de las manos.
Acostado en la cama la examino.
Las sbanas la sorben dulcemente
con la quieta avidez de su blancura.
Brota incesantemente. A borbotones.
Tibia y curiosa asoma a mis muecas
y escapa presurosa de mis manos.
Son manos de vencido. Ellas deban
coger la gloria, amor, coger dinero.
Un da las cre capaces de ello.
Pero nada aprehendieron. No eran hbiles.
O el empeo excedi su exigua fuerza.
Pobres manos humildes y vacas.
Tiemblan un poco. Tiemblan asustadas.
Asustadas y dbiles parecen
pedir excusas porque son mediocres.
Les sonro a mis manos. Las levanto
y las uno. Las siento desvalidas.
Y atisbo como repta sigiloso
ese zumo tan rojo de la vida.
(De: Destruccin de la maana)
Seleccin : David Romero