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Destrucción de la mañana (del 23 al 30)

23

Me detengo a fijarme en otros cuerpos.
Gordos, delgados, altos, grandes, bajos.
Cuerpos pequeos, nfimos, enormes,
huesudos, desgarbados y contrahechos.

Vigilo cuando allegan a mi lado
por si entre ellos surgiera, de improviso,
el cuerpo que tena, ansiosamente
buscndome, l tambin, entre el tumulto.

Pero no hay ms que viejo en la calle.
Cabellos blancos, calvas... Las arrugas
aran la piel rojiza de las caras.
Caras sonrientes, tristes. Todas viejas.

Son montones de clulas extintas
pegadas a proyectos de cadveres.
Las estudio con odio y repugnancia
como si fueran copias de mis rasgos.


24

Paso ante un Pub y maquinalmente entro.
El Black and tan se agita insomne, incmodo
tras la barra del bar. El altavoz
sibilino matiza su desgarro.

Debe ser noche de Ellington. Creole
love call se despereza suavemente.
Su sinuosa caricia se introduce
turbadora en la sangre y los sentidos.

Una mujer tropieza con mi hombro.
Me sonre. Sonro. Nos miramos.
Qu agradable es tener a una mujer
que nos mire a los ojos y sonra.

Es joven y es bonita. Pelirroja.
No hay mejor compaa para el hombre
que el cuerpo femenino de amplio escote.
Qu bien se est a su lado revisndolo.

Es mejor la bebida, hablar, la risa...
Todo sabe mejor si est presente
una mujer bonita. Ms si es joven.
Incluso estar de pie. O ir en taxi.


25

Qu tierno es el abrazo, el roce
de su piel, tan suavsima, en la ma.

Qu agradable es tener una mujer.

Y qu grato el cansancio placentero
que adormece la sangre dulcemente.


26

Al despertar es como haber dormido
meses en este incmodo camastro.

Junto a m se da vuelta una mujer.
Duerme profundamente. No sonre.

Miro el reloj. Las cuatro menos cinco.
No es bonita. No es joven. Cmo pude
acostarme con ella si a mejores
yo rechac otras veces? Me levanto.

Deba estar borracho. An otro da
perdido, malogrado. Como siempre.

En silencio me visto y al marcharme
ella sigue en letargo. Ronca un poco.


27

Es absurdo vivir. Y duele mucho.
Mi vida no era al mundo necesaria.
No soy ms que un estorbo para algunos
y un estorbo tambin para m mismo.

Y as somos los ms. Unos objetos
molestos arrojados a la vida
que aparta alguna gente cuando avanza.
Todo ha salido mal. Todo mal sale.


28

El aire es fresco, fro, por la calle.
Apost mi fortuna a un solo envite
creyendo, apresurado, que tena
los naipes de escalera de color.

Y result un farol al ensearlos.

Nunca podr tener acceso al podio.
No es vlida la entrada que poseo.
Toda mi vida he estado en la estacin
donde no pasa el tren que yo aguardaba.


29

Me haba ya olvidado del intruso,
el que ahora va conmigo, el que yo soy.
Se refleja en un vidrio, mas no admira
las muestras que se exhiben en la tienda
pidiendo las libremos de su encierro.

Me espa a m. Indagamos de hurtadillas
si hay alguien que repare nuestro examen.
La acera est vaca en todo el tramo.
Y reviso sus rasgos framente.
Con imparcialidad. Neutral. Ecunime.

Intenta sonrer, mas su sonrisa
es un gesto forzado que desvela
arrugas en el rostro del yo espurio.
Me mira consternado. Con desnimo.
Vuelvo la espalda y cruzo la calzada.


30

Es injusto querer justificarse
uno ante s arguyendo: -No hubo suerte.
Esto es lo que se imparte a los dems.
La verdad la sabemos bien cada uno.

Uno no puede dar lo que no tiene.

Las cosas son as. Nadie es culpable
en la mezcla confusa, tiempo y vida,
que nos forma y deforma indiferente.

Soy de los ms que estamos ah, ahogndonos
en la propia corriente que nos nutre.

Como el sol detenido en la pared
que empuja su calor contra las piedras,
apretujados todos. Maldiciendo.

Maldiciendo a los otros. Maldicindonos.

Podemos, s, decir que hemos vivido.
Como el que ha realizado una tarea
penosa, decir cada uno: -He vivido.
Que es igual que afirmar: -He fracasado.



(De: Destruccin de la maana)

Seleccin : David Romero


JOSÉ MARÍA FONOLLOSA




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