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Destrucción de la mañana (del 4 al 6)

4
Si me dieran ms tiempo con mi cuerpo,
con el otro, el antiguo, el que era mo,
ira apresurado a recoger
todo aquello que me corresponda.

Lo que deba ser mo estos aos
en que el lino elabora su blancura
y el hombre se elabora de sus sueos.
Lo que senta mo aun siendo de otros.

No puedo dirigirme ya a la cita
donde esperan mis grandes ambiciones
que las vaya a abrazar. Ya no es posible
decirles: -Aqu estoy. Con este extrao.

No reconoceran quin soy yo.
Si me dieran ms tiempo con mi cuerpo...
Si mi cuerpo, el de ayer, me devolvieran
todo cuanto yo anso l me traera.

5

Salgo a la calle. Es noche. Exacta, idntica
a tantas otras noches. Caras jvenes,
tersas, ajadas, viejas... Entre cules
me clasificarn a m esas caras?

Me mezclo entre la gente avergonzado
de la identidad falsa que conllevo.
Temiendo que averigen que un intruso,
otro cuerpo, ahora ocupa el que era mo.

No s disculparme de mi imagen.
Advertirles: -No soy este que miran.
Rebusco si distingo entre los otros
un signo que me indique que soy yo,

el de antes, todava, el ser que muestro.
Camino intimidado. Pero nadie
se alarma si transito por su lado.
Cual si fuera invisible a sus pupilas.

6

Ando con mi otro cuerpo por la calle.
Me detengo un instante junto a un grupo.
Unos muchachos jvenes discuten
con gestos impacientes. -Que hagan sitio.
No nos deben negar facilidades.

Asiento interiormente y me dan ganas
de sumarme a sus voces. Les escucho.
Son mos sus anhelos. Soy como ellos.
Me siento entre los mos nuevamente.

Como esa casa sola en un camino
que al tener compaa de otras casas
experimenta orgullo de ser pueblo.
-Debemos reclamar nos abran paso
para as demostrar nuestra vala.

Con la sonrisa apruebo sus palabras.

Mas noto que me escrutan hostilmente.
Y entonces me doy cuenta que no soy
sino lo que revela el yo fingido.
Que mi sitio ha cambiado con mi aspecto.
A m tambin incluan sus palabras.

Mas no s qu ceder si nada guardo.
Si a nada yo he accedido todava.
Si al igual que ellos grito a los mayores:
-Hacedme sitio, ineptos. Pero en balde.

No hay sitio para nadie en parte alguna.
Apretujados todos maldecimos
pidiendo amor, dinero y gloria a costa
de quien sea y lo tenga. De regalo.
O a cambio de qu sea. A cualquier precio.



(De: Destruccin de la maana)

Seleccin : David Romero


JOSÉ MARÍA FONOLLOSA




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