☰ menú
 



Primer poema del viaje

Errar en los cdigos
que atravesaste soando como ngel,
no justifica tu piedad por los aos baldos.

Cuntas veces al pie de la frontera
se hizo tu piel el doble que te habita?
Aquel deseo fue eclipsndose,
traicionado y traidor -como mal mercader-
que slo obtuvo prdidas y un hilo de misterio.

Andar por la llanura desolada
es una endurecida libertad,
y aunque no arribes a la entrada del templo,
vive la plenitud
que al levantarte ofrecen estos amaneceres.

No se deslizan tus pecados al fondo,
la salvacin vuelve con la memoria
de los que morirn en tu recuerdo;
pero no reconozcas al marcharte
cunto pudiste hacer y quedaste en lo oscuro,
pero no reconozcas haber perdido
si el paisaje no est vedado ante tus ojos.



De: La vasta lejana

Seleccionado por el autor


AGUSTÍN LABRADA AGUILERA




regresar