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Saúl Ibargoyen

 
 

SAÚL IBARGOYEN
CUARENTA AÑOS DE ESCRITOR. PRIMERA PARTE







el centavo 180
Revista de Cultura y Literatura de Michoacán
Julio de 1994, Volumen XVIII, Morelia, Michoacán.


ANIMAL DE PALABRAS
Jaime Labastida

La patria del escritor es el idioma. Cada escritor, sin embargo, admite en si ese idioma de una manera distinta. La Lengua habla a través de nosotros, es cierto, pero no es menos cierto que también los escritores intentan dominar esa escritura que nos habla, que no hemos hecho, que hemos heredado, y, que, pese a todo, es lo mas entrañable, lo más profundo de nosotros mismos.

Todo hombre es un animal de palabras. La manera como esa patria desgarrada y común que es el idioma nos atraviesa, la manera, también, como la atravesamos, es un asunto al mismo tiempo individual y colectivo. Podemos comprobarlo, de súbito, en estos poemas de Saúl Ibargoyen.

La materia lingüística de que están construidos estos poemas es una materia plástica y múltiple. Es un lenguaje de fronteras: de fronteras físicas, nacionales, de paisajes humanos, desde luego; pero sobre todo, es un material lingüístico construido entre fronteras habladas, entre lenguas que, por ello mismo, se tocan, se interpenetran, se enriquecen. Provincias lingüísticas que se borran y vivifican; entrerríos, entresierras, entrambasaguas, entrelenguas…

Saúl Ibargoyen goza haciendo de la materia verbal una materia moldeable, juega con ella, la hace una cosa viva, muy viva, palpitante. Como si un animal extraño habitara en esa estructura también extraña que es el lenguaje de la frontera entre Uruguay y Brasil, entre el español y el portugués; palabras nuevas, palabras vivas, sintaxis flexible, que arroja luces inesperadas por sus formas de construcción.

Saúl Ibargoyen no es sólo poeta, también es narrador y es crítico. Los tres espacios vitales de ese lenguaje (el de la poesía, el de la narrativa y el de la crítica) en él se retroalimenta: forman parte de una misma desgarradura. Por eso, en él, los pequeños seres que pueblan el mundo (hombres, cosas, animales) aparecen bajo una luz moribunda. La piedad y el amor atraviesan la poesía entera de Ibargoyen, un hombre sabio, que ha viajado, visto y comprendido.

Ibargoyen es un hombre de fronteras y de viajes, un hombre que se ha desprendido de muchas pieles, que se ha arrancado llagas al tiempo que la carne lacerada y viva; que ha olvidado multitud de estaciones y lugares; que ha cambiado de oficios y países, pero que siempre ha sido consecuente consigo mismo y con su patria primordial, el lenguaje, que es la patria común a todos los hombres in que importe su linaje. La patria verdadera de Ibargoyen es, pues, su lenguaje, el nuestro.

Así en la poesía de Ibargoyen “los pájaros ladran” porque las relaciones entre las cosas han dejado de ser transparentes y unívocas. Es un hombre —un poeta— que “ya no puede volar”, lleno de profunda tristeza. La patria, dice, “está conmigo”, lo que quiere decir que está dentro de él, en forma de nostalgia y socavón: un exilio perpetuo.

Y, sin embargo, pese a todo, Ibargoyen, como Vallejo, sabe hablar de la esperanza.

Estamos en presencia, no vacilo en afirmarlo, de un poeta extraordinario en el sentido más exacto del término, un poeta fuera de las normas comunes, que ha aportado al idioma castellano todas las impurezas vitales de otro idioma, colindante pero distingo, gracias a lo cual lo ha encarnado en una poesía que agoniza y palpita, atravesada al mismo tiempo por el amor y el dolor. Ibargoyen es un poeta de abismos, la única clase de poetas que verdaderamente interesa a los demás hombres.



SAÚL IBARGOYEN
Por Senen Montero

Fue presentado en la Casa de la Cultura de Morelia, Michoacán, el libro de Saúl Ibargoyen "Basura y otros poemas", libro que encierra en sus 124 páginas 39 poemas "que esclarecen hasta el hueso no sólo temas, situaciones, hallazgos, viajes, ánimos, desencuentros, frustraciones, infancias y desmemorias, sino el inevitable proyecto Intimo que suele llamarse destino".

El autor —jefe de redacción de Plural— sostiene que este libro trata, costosamente, de confirmar tanto la existencia de lectores —en lo previo siempre hay, al menos, uno para divulgar este su más actual libro de poemas.

En esta presentación en Morelia comentaron a "Basura y más poemas", Arturo Molina y el licenciado Jesús Rosales. Estuvo presente el propio autor y ahí Molina expresó:

"La literatura y el ensayo de Uruguay —de este país es Saúl Ibargoyen— sitúa a un Saúl Ibargoyen como poeta y narrador de una generación crítica que surge de las clases medias Ilustradas, que tanto prevaleció entre la década de los 50 y principios de los 60.

"Y tal vez eso, al Igual que muchos de sus compañeros generacionales dan una clara conciencia social y revolucionarla que los une a todo un movimiento político y social, como lo fue todo el movimiento tupamaro.

"Saúl Ibargoyen y los escritores de su generación, desde que aparecen en el escenario de la cultura uruguaya registran capacidades creadoras conjuntadas y asociadas a la historia vivida casi en toda Latinoamérica a partir del triunfo de la Revolución cubana.

"La claridad, el humorismo y la sencillez de la expresión en sus versos y piezas narrativas, ubican a Ibargoyen como un autor con voz propia y por lo mismo nada fácil de entender a una primera lectura.

"Su poesía lírica es válida y es conjugación dialéctica del yo con el nosotros, del uno con la totalidad. Y es que la poesía se opone a cualquier modo de represión y opresión. Se opone al silencio y crece como las flores, como algo inevitable, donde el aliento siempre es optimismo y alegría a pesar de los pesares de lo que ahora sucede en tu 'pequeña y difícil patria Irremplazable' que se llama Uruguay", finaliza Molina.

HISTORIA Y POESÍA

Y Jesús Rosales dijo: "A finales de siglo, todo será posible. La literatura se ha convertido en una manera distinta de observar, analizar y comprender el mundo.

"Cada palabra, cada frase, cada oración, cada conjunto de oraciones están cargadas de historia y de poesía. Basura es el nombre de la piel que arrastro —escribe Ibargoyen—y nos mueve; respiramos de la ciudad, los muros y esas gentes, quizá nada ajenas a la Imagen del poeta".

Saúl Ibargoyen Islas —apelativo completo del autor de "Basura y más poemas"— nace en Montevideo, Uruguay, en 1930. Es poeta, narrador y periodista.

Entre sus numerosos libros deben señalarse: Palabra por palabra, Erótica mía. Epigramas a Valeria, Ciudad, Exilios, Catálogo, De este mundo (poesía), Fronteras de Joaquim Coluna, Quién manda aquí, Los dientes del sol (cuentos), Noche de espadas y La Sangre Interminable (novela).

"CUADERNO DE FLAVIA"

De Saúl Ibargoyen

Recientemente fue presentado: "Cuaderno de Flavia", libro de poemas —el más actual—, de Saúl Ibargoyen, jefe de redacción de la revista Plural de EXCELSIOR. Esta obra se dio a conocer por el autor en Montevideo, Uruguay, su ciudad natal, bajo los auspicios del Instituto Nacional del Libro.

"Cuaderno de Flavia", trata de un conjunto de poemas de temática amorosa, que Ibargoyen ha frecuentado en otros libros como "Erótica mía" y "Epigramas a Valeria", editados tiempo atrás en México.

En esta ocasión —mediante un personaje cuya existencia real puede ser soslayada—, el autor realiza un verdadero viaje sentimental que Incluye la perspectiva geográfica desde cuatro países: México, Cuba, Uruguay, y Paraguay.

Con una treintena de libros —la mayoría de poesía— el poeta, narrador y periodista está vigente dentro de este quehacer de las letras. Su ocupación siempre ha sido la de crear. Viajero incansable por países de América —y a veces por el Viejo Mundo— junto con su vivencia en el Distrito Federal exprime todo aquello que se encuentra intocable a su alrededor, o por lo menos busca entre sus empolvados papeles lo concerniente al pasado.

Saúl Ibargoyen Islas expresa de este libro, impreso en Uruguay, lo siguiente:

"Este cuaderno que ahora te entrego, bajo la cifra suave de tu nombre, se abre con la muerte de Valeria, aquella enemiga de su sombra y que nunca pudo viajar hasta el último sonido de la propia sangre.

"Por eso, cuando leas estos versos redactados con enérgicos sueños y desesperada alegría, debes ubicarte fuera de esa muerte, y, al menos, tocar la ardua frontera donde se aglutinan tantas historias nuestras de dudoso término.

"Nos traspasan, bien sabes, tiempos oscurecidos, días de astros en extinción, horas expulsadas por la angustia de un reloj, minutos destrozados por blasfemias de papel, segundos e instantes descalabrados por los espejismos de una confusa luz.

"Pero aquí, pues, te digo mis tozudos versos que el clima de Asunción, México, La Habana, y Montevideo vio asentarse entre palabras, Flavia, simplemente para que los ayudes a vivir".

Y uno de sus poemas —en este libro— es éste: "Miedo".

"Unos dedos de mujer / escribieron que su miedo / mayor era / el miedo de los demás.

"Algo similar Flavio / sucede con estas sílabas / revueltas en un mar inmóvil.

"Es mejor pues que permanezcan/amarradas a la tinta / y que no lleguen / nunca hasta tu ombligo / Insondable / que el terror de otros ojos / pueda contemplar."



SAÚL IBARGOYEN
CAPACIDAD DE ASOMBRO

Por Oscar Wong

Un hombre golpeado por la realidad opresiva —persecuciones y exilio, por ejemplo— y que además tiene la capacidad de asombrarse, todavía, de la trascendencia de su individualidad. Identificada con los demás humanos, merece el respeto de todos. Y si a ello agregamos su necesidad de expresarse, de volcar con palabras exactas y emotivas los volcanes interiores que lo sobrecogen, entonces nos encontramos ante un poeta.

Tal es Saúl Ibargoyen, originario de Montevideo, y que desde hace años radica en nuestro país en calidad de asilado político. Incansable en su producción literaria, ahora nos entrega "El sonido del tiempo" (1957-1980), un libro de poemas que destaca su recorrido lírico por el largo periodo señalado entre paréntesis.

Su tema Capital: el hombre y sus alrededores, esto es, la existencia del individuo con todas sus contradicciones y temores, enfrentada a los procesos sociales; curiosamente, en este libro Ibargoyen apenas los sugiere, por cuanto jamás alude a situaciones históricas determinadas.

La desaparición física inminente, en posición a la vitalidad del tiempo 'esa dimensión inexistente, pero que de alguna marca al sujeto dentro de la historia—, a la condición de ser y estar en el mundo.

Profundamente lírico —en su sentido nato—, Ibargoyen demuestra su madurez vital y expresiva: "Esta es mi carne; mi profundo / alrededor humano / mi fiel contorno / siempre adentrándose / en el total que así me condiciona".

Reconocimiento tácito de los hombres a través de su particular singularidad: "Esta es mi carne: / hecha de raíces / hundiéndose en impulsos / deteniéndose en sueños / fluyendo por el tiempo / hacia la ausencia / que será su luz / y su memoria".

El tema de la muerte, el transcurso de la existencia, se encuentra reiterado a lo largo de esta primera parle, la cual proporciona su nombre al poemario. En cuanto al siguiente capitular—denominado "El silencio y la furia"—el poeta se adentra en el amor, aunque reflexionando en sus materiales expresivos, esto es, además, gestos, palabras. Ciertamente, la palabra fuera de la oración no existe, pero esta reflexión de lo lingüistas, que hablan de "entonaciones enfáticas" y "matiz léxico" —Tinianov, entre ellos— es entregado al lector por Ibargoyen con admirable sencillez, invocando acaso el conocido principio bíblico. El poeta lo "expresa" así, sin más:

"Desde esta letra inicial
comienza el principio
del origen".
Y luego, la eclosión de la evidencia, la función del discurso poético:
"Déjame pues transitar
el papel y el sonido
la tinta y el silencio"

La última parte del libro, "Antes la luz", formalmente hablando es más experimental, incluso la prosa irrumpe en los versículos. El poeta simula que el verdadero autor de estos versos es un poeta del siglo XXX d. del Segundo Imperio Extra Galáctico General. A pesar de ello, los resultados son magníficos, puesto que jamás se pierde el contexto contradictorio —y real, por ende— del hombre.


EL SONIDO DEL TIEMPO

Tres libros reúne Saúl Ibargoyen en su nuevo volumen de poemas, intitulado precisamente El sonido del tiempo (1957-1980), publicado por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (Morelia, Mich., 1981,98 pp)

En este poemario el poeta uruguayo, perteneciente a la generación de los 50, describe en corte la transitoriedad de la vida humana; el tiempo no existe en tanto dimensión física, sólo es una connotación en los procesos sociales del hombre, al través de su individualidad (V, El sonido del tiempo), del amor metamorfoseado en interrogante o estatuto de palabras interrumpidas (El silencio y la furia), o bien la preponderancia del hombre, a pesar de sus limitantes físicos, transmitidas al través de la memoria futura (Antes de la luz).

Tres libros, ciertamente, donde el nivel literario va expresando contenidos primordiales, básicos en todo lo que se denomina poesía, y que tocan los temas eternos, perentorios, de la busca interna del individuo por medio de las circunstancias que lo rodean: "Desde mi celda de saliva endurecida / pienso en la muerte / como en un estallido que sube / por impecables peldaños blancos: / ese chasquido de la carne al entregarse..."

La ternura, delicadamente expresada, se erige en el libro segundo como núcleo axiológico; el amor, de hecho, trasciende todo acto humano, todo reconocimiento de la existencia transitoria. Las interrogantes que realiza el poeta son respondidas, tácitamente, por medio de la figura de la mujer en sus connotaciones. La relación es justa, acaso:

Porque estuviste
en éste mi costado del mundo
fiel a la música
de exacta melodía
al golpe y golpe de tambor
donde crecías naciéndote de ti
como una hierba camal
bajo la luz del viento
.

En el tercer nivel, o poemario integrado, Ibargoyen simula que el autor es un poeta de siglos posteriores al nuestro (Siglo XXX d. del Segundo Imperio Extragaláctico General) que recoge aspectos olvidados del hombre pretérito. Las preocupaciones, no obstante, son las mismas: hurgar en la individualidad para tratar de responder con responsabilidad a la historia.

Recapitulado, El sonido del tiempo (1957-1980) es el virtual reconocimiento a los valores esenciales del hombre que trasciende esa referencia denominada Tiempo.



FUNDACIÓN DE UN LENGUAJE
Rómulo Cosse

El acto de la lectura de una novela, cuando se sitúa en un plano superior al de la mera confirmación de un modelo previa y dogmáticamente escogido, es una praxis intensa y apasionante, como lo fue la instancia previa de la producción y fundación de ese nuevo lenguaje narrativo. Y es así en nuestras culturas modernas, porque en ellas un texto para ser considerado una obra artística relevante, requiere de un alto grado de diferenciación o sea, que comunique una gran carga de información estética, inaugurando nuevas soluciones narrativas o inéditos principios constructivos, que materialicen una también caracterizada visión del mundo. Una obra así, requiere del lector toda su capacidad comprehensiva y en compensación ofrece una de las más sugestivas búsquedas en el siempre sorprendente territorio de la vida cultural Y esto es precisamente lo que pasa con Noche de Espadas.

Pero además y restituyendo el objeto artístico a su contexto, hay que decir que en ese carácter coincide con la historia más rica y profunda de la literatura latinoamericana contemporánea y particularmente en Uruguay, con toda una tendencia, esto es, con el amplio y renovador despliegue que se proyecta en su narrativa actual. (1)

Naturalmente que existe toda una obra anterior de Ibargoyen. Fronteras de Joaquim Columa (cuentos, 1975); La sangre interminable (novela, 1982); ¿Quién manda aquí? (relatos, 1986) y Los dientes del sol (Cuentos, 1987). (Como es obvio no consideramos aquí la extensa y sustancial obra poética del autor, que merecerá un estudio particular en otra ocasión). Estas constelaciones son ciertamente algunas de las instancias nodales y fundacionales de esa tendencia y ese cauce remodelador referidos, lo que pensamos haber demostrado ya con detenimiento respecto de La sangre interminable. (2)

Ahora bien, en este encuadre, no es extraño que Noche de Espadas, con toda su compleja audacia, sorprenda y fascine al mismo tiempo. Empero, es preciso describir aquí aunque sea con brevedad sus principios constructivos dominantes y distintivos con el objeto de consolidar analíticamente lo afirmado hipotéticamente.

En primer lugar una referencia a dos aspectos esenciales en todo relato: el de la voz que narra y el de su campo de conocimiento; o dicho de otra forma, la cuestión de quién cuenta y que ve ese relator (que puede ser, lo aclaramos, un narrador no representado—sin rostro, sin nombre—, pura función u orden estructural de la novela). En cuanto a la voz, indicamos que no se da en este caso el conocido procedimiento del relator exterior a la historia, no representado y de saber irrestricto, apto para transmitir una visión unívoca de los hechos. En vez de ello, la información sobre los acontecimientos se canaliza a través de un grupo numeroso de personajes, cada uno de los cuales da su propia, apasionada, limitada, comprometida y por definición controvertible, versión de la vida del Coronel Ambrosiano Ilha, sujeto nuclear de la historia. Este Ambrosiano llha, era el responsable del orden de una amplia zona de la campaña de "las Bandas Orientales del Uruguaty", durante el siglo pasado, bajo el Gobierno del Coronel Santos Latour.

Vale apuntar aquí marginalmente que todo el sistema de la nomenclatura de la novela es una verdadera creación del lenguaje, así como los objetos por el mismo designados; pero además, ese mundo está cargado de una historicidad cuyas síntesis y sincretismos (como Santos Latour) vuelven dialéctica y ampliamente comprehensiva. (Otros ejemplos son: Rivamento, Porto, Triste, Apricó, Nueva España, etc.).

Una aclaración más sobre el Coronel Ambrosiano antes de continuar con las cuestiones narrativas. Las presiones del Presidente Santos Latour y de su Ministro de Defensa obligan al Coronel a renunciar, lo que determinará poco después su muerte. Ambrosiano llha se había vuelto sospechoso de identificación con gauchos e indígenas, como se desprende de uno de los informes que constituyen como decía el material narrativo de la novela; la carta del Presidente a su Ministro comentando actitudes del Coronel llha, que más adelante se copiará parcialmente.

Con la muerte del Coronel Ambrosiano se cierra una vida nómade, apasionada y contradictoria, que es la discutible materia de los discursos formulados por los distintos narradores al supuesto compilador y nieto del Coronel. Estos narradores son básicamente personajes que cuentan lo que recuerdan o creen recordar de aquél; sin embargo en algún caso hay una manifiesta transgresión a los principios del realismo también en este plano, como el relato del "Capítulo veintidós (Papeles)", a cargo de la "fotografía parlante", una vieja fotografía sepia que describe su propia imagen y la paradoja de su suerte:

"He nacido de la luz que se mezcló con líquidos extraños, con acideces reveladoras: modificadoras deformas, paralizadoras de movimientos (…); pero crujen algo mis entretelas mientras la humedad desata sus lentas fermentaciones. Nací de la luz, y aquí estoy desde casi mi nacimiento, encarpetada y ensombrecida. (...) Las manos del hombre se disuelven en el vacío; algo hubo en ellas o en una de ellas, tal vez las riendas que sujetaban al animal, tal vez un arma o una pluma entintada".

Así pues, el relato no pretende ya como antaño, imitar ingenua o mecánicamente los principios que gobiernan la realidad, sino reformularla con arreglo a sus propias leyes, las delarte,en razón de que una cosa es la evolución social y otra es su representación por el lenguaje. En este caso concreto, se introducen por ejemplo en el mundo de la ficción, las riesgosas contingencias por las que atraviesan los documentos y objetos de arte, así como precisamente, su carácter de representación y de proceso figurativo capaz de expresar el perfil del protagonista ("tal vez las riendas", "tal vez un arma o una pluma entintada").

Esa pluralidad de relatores realistas o fantásticos, comunican pues, al no existir una voz estructuralmente jerarquizada como hubiera sido la del narrador exterior y no representado, una información contradictoria sobre la personalidad del Coronel Ambrosiano. Pero esto nos sitúa ya en la cuestión de la estructura polifónica de la novela de Ibargoyen.

Para salvar esta categoría presentada por Mijail Bajtín de simplificaciones y esquematismos, es oportuno transcribir su caracterización de la novela polifónica realizada en La Poética de Dostoievski, donde establece que para que se de la verdadera polifonía hace falta:

"La pluralidad de las voces y de las conciencias independientes y distintas, la polifonía auténtica de las voces en su plenitud (...) No la multiplicidad de caracteres y destinos en el interior de un mundo único y objetivo, esclarecido por la conciencia del autor, sino la pluralidad de conciencias equivalentes y de sus universos, que sin fusionarse, se combinan en la unidad de un acontecimiento dado". (3)

Enseguida vamos a convocar a una serie de segmentos narrativos a cargo de distintos personajes, para hacer evidente que las contradicciones entre ellos no afectan aspectos particulares o meramente circunstanciales de los sujetos de la acción, sino que asumen un carácter radical y sustantivo. Para hacer evidente, en fin, que se trata de modelos del mundo muchas veces confrontados hasta la tragedia (como el que se expresa en las cartas de Santos Latour y en los actos de Ambrosiano llha).

Veamos una primera serie de variantes; las que atañen a la muerte de Ambrosiano. Una versión es la que el texto marca como "Ultima voz", extraña visión que roza lo fantástico, lo extraño, indecisa frontera entre lo natural y lo maravilloso, merced a la ambigua caracterización de la voz que relata:

"El coronel desvistió su espada de guerra, apoyó la empuñadura contra la manta que asujetaba el colchón espeso (...) La punta fluida empezó a entrarle por abajo de la tetilla izquierda, pocos pelos habla en su pecho pálido. Su entera energía para el pinchazo puso el coronel, ahora ya no aflojado sino terriblemente fuerte (...)"

Otra versión es la del poeta Menandro Belem, coincidente sólo en el punto del suicidio:

"Ah mi Coronel: ¿por qué
tu propio rostro
incendiaste tan certeramente?
Más cenizas que coágulos
quedaron en tu almohada.

Y todavía ésta, formulada por la madre del compilador y como es obvio, hija del Coronel:

"Nada es más falso —y casi grito— que este suicidio. Es de total irrespetuosiodad, siquiera que tal hecho se esboce en tu febricienta cabeza y en tu recalentada pluma. (...) El coronel Ambrosiano falleció de un ataque cerebral, por problemas de tensión muy elevada (...)".

Al cabo, en la instancia final de la recepción de la obra, será el lector quien construirá su paradigma del coronel, privilegiando algunas de estas comunicaciones en perjuicio de otras.

Toma ahora las contradicciones que constituyen una serie de marcado énfasis ideológico. En primer lugar la visión que el Presidente proyecta de los actos de Ambrosiano:

"Se trata (...) de una grave tentativa de disolver la seguridad interna en favor de esa masa de desidiosos, díscolos, violadores, galafates, lambiscones, taimados, viciosos y contraechos que mantienen molestas cererías en provincia ayudando a ciertos pujos obrerísticos que ya se erizan en la urbe de Montevidéu."

En vez, la Josefayá, mestiza en el petate del Coronel, ve así las relaciones de Ambrosiano y el Gobierno: "Créame. Los figurones blancos entramparon al coronel Ambrosiano, la guerra fue negocio sólo para ellos, Insignias y banderas: las engordan mentiras de una flaca verdá".

En definitiva, los principios constructivos que rigen la novela, acentúan con carácter de componente estructural fundamental, la tensión entre las distintas visiones. De manera que un orden del relato presenta un carácter estrictamente relacional, que consiste en una articulación paradigmática o serie de notas adscriptas a un mismo sujeto —Ambrosiano— y diseminadas en el texto, que el lector debe integrar en un conjunto definitorio de Ambrosiano. Por eso la función del lectores muy fuerte y francamente constructiva del sentido. Y esta construcción hará evidente la presencia de las distintas voces narrativas o sea, de la visión profundamente polifónica de la acción.

Y ya para terminar, una observación a propósito del plano concreto del texto, del timbre y las tonalidades particulares de su lenguaje. Es de imborrable recuerdo ese discurso metafórico cuya riqueza anticiparemos con apenas dos casos. Uno de los informantes de Saulo, un tal Andresito Quilombé (cuyo significativo nombre se inserta naturalmente en esa constelación ya aludida, que a la vez que mediatiza su vinculación con la historia, la concita), recuerda en un encuentro con el compilador que es olra transgresión de las leyes de la naturaleza, haber visto a Artigas:

"muy al galope entre banderas negras y degollando lágrimas con un espadón parecido al de su abuelo, Señor Saulo Ambrosiano..."

La contradicción semántica de la metáfora, establecida por la vía del complemento del gerundio (degollando lágrimas), produce un nuevo y segundo nivel del sentido que introduce lanota patética y agónica en la representación del héroe sin anular su gesto heroico.

Por su parte la Josefayá dice en un momento de su relato a Saulo Ambrosiano:

"(..—) traicionar es romper un espejo".

Y describe de este modo la doble desgarradura que se opera con la traición: en el propio sujeto y en la misma imagen que éste proyecta en el otro. De tal modo que el discurso metafórico de Noche de Espadas se enriquece con ese doble movimiento característico del procedimiento: de expansión y despliegue del sentido por un lado y de concentración y síntesis por otro.

Por último, hay que mencionar al menos, el carácter sincrético que matiza al lenguaje de la novela, donde sobre la base de un fuerte y sabroso componente de Portuñol, se incorpora un variado material léxico, especialmente rico en términos originarios del área del Caribe, que denotan la pluma del compilador Saulo y su "ostracismo" en la "Nueva España". (4)

La mención del "ostracismo" del compilador, hace oportuno destacar la amplitud de la cala histórica de Noche de Espadas, que abarca desde los procesos de instalación de la oligarquía terrateniente y la referencia a algunos de sus elementos infraestructurales como el ferrocarril, a los recientes años de dictadura militar.

Pensamos pues, que se corrobora y justifica lo dicho al comienzo sobre la índole relevante de este sistema narrativo, y que una vez más, el lenguaje artístico no sólo expresa una cultura en sus variadas refracciones, sino que al mismo tiempo, la constituye y la funda con el timbre de su discurso.



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NOTAS

(1) Sobre narrativa Uruguay actual ver Cosse, R, "Fracturas y modelos en la ficción uruguaya actual", enEscritura, XII, 23—24, Caracas, enero—diciembre 1987, pp—191—207.
(2] Ver" Metafora y montaje en La sangre interminable", prólogo en su segunda edición: Montevideo, Nuevo Mundo, 1987, pp. 2—10.
(3)Bakhtine, M., La poétique de Dostoievski, París, DuSuil, 1970, pp. 32—33
(4) Aquí se impone un deslinde para aclarar un grave error metodológico en el que se ha incurrido al respecto de La sangre interminable. El lenguaje de una novela es por definición un elemento más dentro de un mundo de ficción. Por lo tanto, no tiene que imitar ningún discurso coloquial regional y mucho menos cuando la obra no se propone el estatuto de novela realista. El que quiera conocer esas formaciones locales del lenguaje, debe investigar el área cultural correspondiente o informarse con antropólogos y lingüistas. En este marco y con todas las mediaciones que la creación artística supone, el lenguaje de la novela es bien expresivo y caracterizador de los distintos personajes y de sus respectivos marcos culturales.
Prólogo de la 2da. edición de Noche de espadas, signos, montevideo, 1989, 180 pp
.


Portada de la revista Poesía = Poesía,
dirigida por Roberto Juarroz y Mario Morales,
Buenos Aires. 1964



SOÑAR LA MUERTE
Concepción Zayas

Soñar la muerte de Saúl Ibargoyen es, en cierta forma, un libro hecho para todos los que alguna vez fuimos felices fuera de la vigilia pero que nunca hemos hallado un "desatino del tiempo" que nos devuelva a nuestro sueño. Ya lo escribió Cardoza en su Elogio de la Embriaguez: "El sueño nos domina con su gracia, es la esencia de la embriaguez... Hace de nosotros lo que quiere, obedeciendo al más oculto condicional de nuestro desear, Pero es ingobernable, vive una vida a la cual participamos como invitados, Tal es su gloria: su independencia, su libertad sin fin".

La novela de Ibargoyen es un "rompecabezas de premoniciones hecho de trozos de luna que las hembras mestizas y aindiadas de sudamérica tienen que reunir y luego pegar con su jugo menstrual". La esencia del texto se transfigura en el presentir un encuentro entre un escritor y su personaje: la muerte se sueña y se escribe con la única finalidad de que esas sílabas cobren vida cuando, al pasarles la vista, alguien les respire encima.

En oposición a la actual oferta literaria, cuya línea tiende a la ramplonería, esta obra está hecha con una prosa compleja que efectivamente simula las texturas oníricas por su abundancia de elementos simbólicos y lo laberíntico de algunos pasajes.

Por otra parte, el autor le es fiel a las posibilidades infinitas que tiene el tiempo en los sueños, en los presentimientos. Cada personaje posee su propio tiempo, pero pueden unirse en un instante del relato cuando unos a otros se lean como protagonistas de diferentes narraciones. Tal recurso enriquece a la novela con varios niveles que van más allá de la ficción, igual que una caja china o un juego de espejos.

Uno de los protagonistas, el coronel Ambrosiano, quien más que un profesional castrense es un poeta "con las vísceras como sedas ajadas", hermano metafórico del Petronio de Vidas imaginarias de Schwob, escribe para después vivir sus propias historias. Es el "inventor fundamental" del relato, extiende sus dedos de creador hacia nosotros, se sale de sus propias letras y luego regresa al centro mismo del augurio, del presentimiento, de la visión que se adelanta; ya no va solo: nuestros ojos lo acompañan.



FUTBOLISTA ROMÁNTICO
Saúl Ibargoyen

Vuelvo a mirar otra vez la vieja fotografía de colores retocados, repintados, restañados. Ese muchacho que era yo, tal vez con 17 años, vestía una camiseta de club de barrio, roja y negra, sin número en la espalda, sin nombre de su portador y sin anuncios publicitarios —de esos que sugieren más mercancía que deporte—.

Jugábamos un fútbol romántico, no heroico. A veces los sábados, a veces los domingos, como parece mostrar la fotografía: un aire limpio, con un sol vacilante de invierno que empieza. El pasto, pintado descarnadamente por el fotógrafo, es grueso y disparejo. Detrás de las gradas que casi no existían, como dividiendo la cancha cerca de aquel lejano Parque de los Aliados, se ve una portería con pedazos de mecate que cuelgan a modo de red. Porque con la red, el arco es más arco, y el gol, sin dudas es más gol: se grita y se goza y se sufre de otra manera.

Porque en el fútbol, al igual que en tantas tareas humanas, hay como una sustancia sectera que sostiene todo. Es un ajedrez donde la reina es la pelota, esa pelota que no aparece en la fotografía. ¡Cómo costaba en tantas ocasiones pegarle bien a aquellos balones de cuero firme, de piel de res, hinchados de agua o engordados ligeramente con la simple humedad de la hierba, y que hasta llevaban clavada alguna rósela filosa o un abrojo espinudo.

Pero no se trata de refugiarse en la nostalgia y de justificar un orgullo innecesario. Jugábamos como románticos, con un amor que era asimismo pulsión incontenible, deseo de identidad personal en aquellos entreveros organizados por las furias y los espejismos y los sonidos colectivos.

Al mirar la superficie verde amarillenta donde el muchacho que era yo posa en cuclillas, pienso ahora qué edificio residencial ocupará hoy esa cancha desaparecida; esa tierra pisoteada y sudada por nuestro esfuerzo, y por motivos más íntimos que se producían para expresarnos, quizá en una tradición social en que el juego pudiera darse más libremente, sin especular con el puntaje, los empates o las series de penalties.

Futbolista Romántico: Montevideo. 1947 Lo importante, lo casi único, era jugar, el triunfo era el juego mismo. Todo partido, fuera del resultado, era así una victoria. Había, pues, éxitos tristes y éxitos alegres. Hace unos momentos, cuando quise escribir esta página por primera vez, y fracasé, ¡Cómo reaccioné sino convirtiendo la hoja en una pelota blanca y deforme y desesperada, para lanzarla contra el arco ficticio de una puerta! Porque pienso, futbolista romántico todavía, que siempre habrá en nosotros un grito que espera soltarse cuando aquel muchacho consiga marcar su gol definitivo en el exacto corazón del mundo.


Futbolista Romántico: Montevideo. 1947



UNA ZAGA FRONTERIZA
Fernando Aínsa

Entre las obras escritas en el exterior, la de Saúl Ibargoyen Islas es una de las más significativas. Viviendo en México y reconocido como poeta, Ibargoyen siente la necesidad de incursionar en la narrativa. Y lo hace para recuperar desde la distancia un lenguaje oral que no tiene precedentes escritos en la ficción uruguaya: el lenguaje del área fronteriza de! norte del país, limítrofe con el Brasil y sometido a una intensa influencia del portugués brasileño. Sin pintoresquismo folclórico o reivindicaciones localistas, Ibargoyen asume la lengua fronteriza en sus posibilidades de expresión integral, osmosis apasionante de influencias y culturas en la encrucijada de dos imperios: el Español y el Lusitano.

En dos volúmenes de relatos Fronteras de Joaquim Coluna (1975) y Los dientes del sol (1987) y en las novelas La sangre interminable (1982) y Noche de espadas (1987) construye un espacio literario autónomo y cerrado, reflejo de un territorio geográfico en el que viviera en su juventud, verdadera "saga fronteriza" que ha prolongado en ¿Quién manda aquí? (1986). En esta última nouvelle denuncia los signos de la opresión a través de los mecanismos autoritarios del lenguaje militar. Sus personajes, "milicos" y centuriones, oficiales de grado bajo, brutales e ignorantes, sólo saben obedecer y mandar y transforman el lenguaje en un arma de "doble filo" con la cual se dan y se ejecutan las órdenes. Todo militar, a la excepción del grado mínimo y del más alto, tiene que manejarse en ese espectro lingüístico con el cual se obedece al superior y se manda al inferior, dualidad antinómica que, más allá del maniqueísmo que inevitablemente la rige, anuncia las notas esquizofrénicas de la vida de todos los "uniformados".

En su reciente Soñar a la muerte (1993), Saúl Ibargoyen trasciende la simple denuncia de un orden injusto para anunciar la trascendente condición humana marcada por el fatalismo, los mitos inmanentes que guían los comportamientos y aseguran la fuerza de las convicciones jaqueadas. Y lo hace con un estilo que, más allá de la originalidad de la lengua fronteriza en que se expresa, inventa y recrea palabras en la libertad poética de una madurez creadora que evoca las mejores páginas de Augusto Roa Bastos en Yo, el Supremo y de José María Arguedas, los grandes artífices latinoamericanos del bilingüismo literario.

Nuevas fronteras de la narrativa uruguaya,
Trilce, Montevideo, 1993, 151 pp
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Homenaje al editor catalán Benito Milla (al centro). Entre otros escritores: Paulina Medeiros, Ariel Méndez, Pablo Álamo, Ángel Rama, Carlos Martínez Moreno, Ricardo Latchman, Felisberto Hernández, Julio da Rosa, José Pedro Díaz, Manuel A. Claps, Emir Rodríguez Monegal, Emilio Ucar, Generoso Medina, Hugo García Robles, Clara Silva, Ida Vitale, Sylvia Lago y Amanda Berenguer. Saúl Ibargoyen es el tercero, sentado, a la izquierda. Montevideo, Julio de 1962.





 

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