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Responso del peregrino
de Al Chumacero


    Editora del fonograma:
    Voz Viva de Mxico. UNAM

en la voz de Al Chumacero    


Responso del peregrino



I

Yo, pecador, a orillas de tus ojos
miro nacer la tempestad.

Sumiso dardo, voz en la espesura,
incrdulo desciendo al manantial de gracia;
en tu solar olvida el corazn
su falso testimonio, la serpiente
de luz y aciago fallecer, relmpago vencido
en la lmpida zona de lades
que a mi maldad despliega tu ternura.
Elegida entre todas las mujeres,
al ngelus te anuncias pastora de esplendores
y la alondra de Herclito se agosta
cuando a tu piel acerca su denuedo.

Oh, ctara del alma, armnica al pesar,
al luto hermana: aslas en tu efigie
el vrtigo camino de Damasco
y sobre el aire dejas la orla del perdn,
como si ungida de piedad sintieras
el aura de mi paso desolado.

Mara te designo, paloma que insina
pramos amorosos y esperanzas,
reina de erguidas arpas y de soberbios nardos;
te miro y el silencio atnito presiente
pudor y languidez, la corona de mirto
llevada a la ribera donde mis pies reposan,
donde te nombro y en la voz flameas
como viento imprevisto que incendiara
la meloda de tu nombre y fuese,
slaba a slaba, erigiendo en olas
el muro de mi salvacin.

Hablo y en la palabra permaneces.
No turbo, si te invoco,
el tranquilo fluir de tu mirada;
bajo la insomne nave tornas el cuerpo emblema
del ser incomparable, la obediencia fugaz
al eco de tu infancia milagrosa,
cuando, juntas las manos sobre el pecho,
limpia de infamia y destruccin
de ti ascenda al mundo la imagen del laurel.

Petrificada estrella, temerosa
frente a la virgen tempestad.


II

Aunque a cuchillo caigan nuestros hijos
e impvida del rostro airado baje a ellos
la furia del escarnio; aunque la ira
en signo de expiacin seale el fiel de la balanza
y encima de su voz suspenda
el filo de la espada incandescente,
prolonga de tu barro mi linaje
contrita descendencia secuestrada
en la fnebre Pathmos, isla ma
mientras mi lengua en su afliccin te nombra
la primognita del alma.

Ofensa y bienestar sern la compaa
de nuestro persistir sentados a la mesa,
pltica y pltica en los labios nios.

Ms un da el murmullo ceder
al arcngel que todo inmoviliza;
un hlito de sueo llenar las alcobas
y cerca del caf la espumeante sbana
dir con su oleaje: Aqu reposa
en paz quien bien mora.

(Bajo la inerme noche, nada
dominar el turbio fragor
de las beatas, como acordes:
Ruega por l, ruega por l)

En ti mis ojos dejarn su mundo,
a tu llorar confiados:
llamas, ceniza, msica y un mar embravecido
al fin recobrarn su aureola,
y con tu mano arrojars la tierra,
polvo eres triunfal sobre el despojo ciego,
jbilo ni penumbra, mudo frente al amor.

leo en los labios, llevars mi angustia
como a Edipo su bculo filial lo conduca
por la invencible noche;
hermosa cruzars mi derrotado himno
y no podr invocarte, no podr
ni contemplar el duelo de tu rostro,
pursima y transida, arca, paloma, lpida y laurel.

Regresars a casa y, si alguien te pregunta,
nada responders: slo tus ojos
reflejarn la tempestad.


III

Ruega por m y mi impa estirpe, ruega
a la hora solemne de la hora
el da de estupor en Josafat,
cuando el juicio de Dios levante su dominio
sobre el glido valle y lo ilumine
de soledad y mrmoles aullantes.

Tiempo de recordar las noches y los das
la distensin del alma: todo petrificado
en su orfandad, cordero fidelsimo
e inmvil en su cima, transcurriendo
por un inerte imperio de sollozos,
lejos de vanidad de vanidades.

Acaso entonces alce la nostalgia
horror y olvidos, porque acaso
el reino de la dicha slo sea
tocar, or, oler, gustar y ver
el despeo de la esperanza.

Sola, comprenders mi fe desvanecida,
el pavor de mirar siempre el vaco
y gemirs amarga cuando sientas que eres
cristiana sepultura de mi desolacin.
Fiesta de Pascua, en el desierto inmenso
aorars la tempestad.



De: Palabras en reposo



AL CHUMACERO


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