sitemap
Palabra Virtual

Comparte el poema con tus amigos

Copia y pega este enlace en un mensaje instantáneo o de correo electrónico

Comparte el poema en tu blog o página personal

Copia y pega este enlace en tu blog o página personal

Compartir en Facebook



Cuando nació, apareció el lobo...
de Marosa Di Giorgio


    Editora del fonograma:
    El cuenco de plata

en la voz de Marosa Di Giorgio    
Página web de El Cuenco de Plata    


Cuando nació, apareció el lobo...



Cuando nació, apareció el lobo. Domingo al mediodía, luz brillante, y la madre vio a través de los vidrios, el hocico picudo, y en la pelambre, las espinas de escarcha, y clamoreó; más, le dieron una pócima que la adormecía alegremente.  

El lobo asistió al bautismo y a la comunión; el bautismo, con faldones; la comunión con vestido rosa. El lobo no se veía, solo asomaban sus orejas puntiagudas entre las cosas.  

La persiguió a la escuela, oculto por rosales y repollos; la espiaba en las fiestas de exámenes, cuando ella tembló un poco.  

Divisó al primer novio, y al segundo, y al tercero, que sólo la miraron tras  la  reja. Ella  con el organdí ilusorio, que usaban entonces las niñas de jardines. Y las perlas, en la cabeza, en el escote, en el ruedo, perlas pesadas y esplendorosas (era lo único que  sostenía el  vestido). Al moverse, perdía algunas de esas perlas. Pero los novios desaparecieron sin que nadie supiese por qué.  

Las  amigas se casaban; unas tras otras, fue a grandes fiestas; asistió al nacimiento de los hijos de cada una.  

Y los años pasaron y volaron, y ella en su extrañeza. Un día se volvió y dijo a alguien: —Es  el  lobo. Aunque en verdad ella nunca había visto un lobo.  

Hasta que llegó una noche extraordinaria, por las camelias y las estrellas. Llegó una  noche extraordinaria.  

Detrás de la reja apareció el lobo; pero apareció como novio, como un hombre habló en voz baja y convincente. Le dijo: —Ven. Ella obedeció; se le cayó una perla. Salió. Él dijo: —¿Acá? Pero, atravesaron camelias  y rosales, todo negro por la oscuridad, hasta  un hueco que parecía cavado especialmente. Ella se arrodilló; él se arrodilló. Estiró su  grande lengua y la lamió. Le dijo: —¿Cómo quieres?  

Ella no respondía. Era una reina. Sólo la sonrisa leve que había visto a las amigas en las bodas.  

Él le sacó una mano, y la otra mano, un  pie, el  otro pie, la contempló un instante así. Luego le sacó la cabeza; los ojos (puso uno a cada lado); le sacó las costillas y todo.  

Pero, por sobre todo, devoró la sangre, con rapidez, maestría y gran virilidad.



MAROSA DI GIORGIO


Copyright © Derechos reservados del titular.

Los poemas, poemas con voz, videos y libros en pdf presentados en este portal son propiedad de sus autores o herederos o titulares de los mismos.




Compra aquí los libros de Marosa Di Giorgio


























portal de la palabra virtual portal de la palabra virtual



Google
 
Web palabravirtual






Los poemas, poemas con voz, videos y libros en pdf presentados en este portal son propiedad de sus autores o herederos o titulares de los mismos.

El Portal de la Palabra Virtual no persigue ningún fin de lucro ya que tiene como objetivo exclusivamente el carácter cultural y educativo de difundir la poesía hispanoamerica.



Copyright © 2006-2008 Palabra Virtual Inc. Todos los derechos reservados.
Copyright © 2006-2008 Virtual Word Inc. Worldwide Copyrights.

166 visitantes activos
en este momento