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Vámonos Patria a caminar (III) (Distante de tu rostro)
de Otto Rene Castillo


    Editora del fonograma:
    Palabra de esta América

en la voz de Manuel Galich    
Colaboración: Eduardo Ortiz Moreno    
Página web de Voces que dejan huellas    


Vámonos Patria a caminar (III) (Distante de tu rostro)



Pequeña patria mía, dulce tormenta, 
un litoral de amor elevan mis pupilas 
y la garganta se me llena de silvestre alegría 
cuando digo patria, obrero, golondrina. 
Es que tengo mil años de amanecer agonizando 
y acostarme cadáver sobre tu nombre inmenso, 
flotante sobre todos los alientos libertarios, 
Guatemala, diciendo patria mía, pequeña campesina. 
Ay, Guatemala, 
cuando digo tu nombre retorno a la vida. 
Me levanto del llanto a buscar tu sonrisa. 
Subo las letras del alfabeto hasta la A 
que desemboca al viento llena de alegría 
y vuelvo a contemplarte como eres, 
una raíz creciendo hacia la luz humana 
con toda la presión del pueblo en las espaldas. 
¡Desgraciados los traidores, madre patria, desgraciados. 
Ellos conocerán la muerte de la muerte hasta la muerte! 

¿Por qué nacieron hijos tan viles de madre cariñosa? 

Así es la vida de los pueblos, amarga y dulce, 
pero su lucha lo resuelve todo humanamente. 
Por ello patria, van a nacerte madrugadas, 
cuando el hombre revise luminosamente su pasado. 

Por ello patria, 
cuando digo tu nombre se rebela mi grito 
y el viento se escapa de ser viento. 
Los ríos se salen de su curso meditando 
y vienen en manifestación para abrazarte. 
Los mares conjugan en sus olas y horizontes 
tu nombre herido de palabras azules, limpio, 
pata lavarte hasta el grito acantilado del pueblo, 
donde nadan los peces con aletas de auroras. 

La lucha del hombre te redime en la vida. 

Patria, pequeña, hombre y tierra y libertad 
cargando la esperanza por los caminos del alba. 
Eres la antigua madre del dolor y el sufrimiento. 
La que marcha con un niño de maíz entre los brazos. 
La que inventa huracanes de amor y cerezales 
y se da redonda sobre la faz del mundo 
para que todos amen un poco de su nombre: 
un pedazo brutal de sus montañas 
o la heroica mano de sus hijos guerrilleros. 

Pequeña patria, dulce tormenta mía, 
canto ubicado en mi garganta 
desde los siglos del maíz rebelde: 
tengo mil años de llevar tu nombre 
como un pequeño corazón futuro 
cuyas alas comienzan a abrirse a la mañana. 





(Fuente: Francisco Morales Santos)
 




OTTO RENE CASTILLO


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