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Espacio (Fragmento)
de Juan Ramn Jimnez


    Editora del fonograma:
    Visor Libros

en la voz de Juan Ramn Jimnez    


Espacio (Fragmento)



Los dioses no tuvieron ms sustancia
que la que tengo yo. Yo tengo, como ellos,
la sustancia de todo lo vivido
y de todo lo por vivir. No soy presente slo,
sino fuga raudal de cabo a fin. Y lo que veo
a un lado y otro, en esta fuga,
rosas, restos de alas, sombra y luz,
es slo mo,
recuerdo y ansia mos, presentimiento, olvido.
Quin sabe ms que yo, quin,
qu hombre o qu dios, puede,
ha podido, podr decirme a m
qu es mi vida y mi muerte, qu no es?
Si hay quien lo sabe,
yo lo s ms que se, y si lo ignora,
ms que se lo ignoro.
Lucha entre este saber y este ignorar
es mi vida, su vida, y es la vida. Pasan vientos
como pjaros, pjaros igual que flores,
flores soles y lunas, lunas soles
como yo, como almas, como cuerpos,
cuerpos como la muerte y la resurreccin,
como dioses. Y soy un dios
sin espada, sin nada
de lo que hacen los hombres con su ciencia;
slo con lo que es producto de lo vivo,
lo que se cambia todo; s, de fuego
o de luz, luz. Por qu comemos y bebemos
otra cosa que luz o fuego? Como yo he nacido
en el sol y del sol he venido aqu a la sombra,
soy del sol, como el sol alumbro? y mi nostaljia,
como la de la luna, es haber sido sol
y reflejarlo slo ahora. Pasa el iris
cantando como canto yo. Adis iris, iris,
volveremos a vernos, que el amor
es uno solo y vuelve cada da.
Qu cosa es este amor de todo, cmo se me ha hecho
en el sol, con el sol, en m conmigo?
Estaba el mar tranquilo, en paz el cielo,
luz divina y terrena los funda
en clara plata oro inmensidad,
en doble y sola realidad;
una isla flotaba entre los dos,
en los dos y en ninguno, y una gota
de alto iris perla gris temblaba en ella.
All estar esperndome el envo
de lo que no me llega nunca de otra parte.
A esa isla, ese iris, ese canto
yo ir, esperanza mjica, esta noche.
Que inquietud en las plantas al sol puro,
mientras, de vuelta a m, sonro
volviendo ya al jardn abandonado.
Esperan ms que verdear, que florear y que frutar,
esperan, como un yo, lo que me espera,
ms que ocupar el sitio que ahora ocupan
en la luz, ms que vivir como vivimos, ms
que quedarse sin luz, ms que
dormirse y despertar? Enmedio hay,
tiene que haber un punto, una salida,
el sitio del seguir ms verdadero,
con nombre no inventado, diferente
de eso que es diferente e inventado,
que llamamos, en nuestro desconsuelo,
Edn, Oasis, Paraso, Cielo,
pero que no lo es, y que sabemos
que no lo es, como los nios
saben que es no lo que no es que anda con ellos.
Contar, cantar, llorar, vivir acaso,
elogio de las lgrimas, que tienen (Schubert,
tenido entre criados por un dueo)
en su iris roto lo que no tenemos,
lo que tenemos roto, desunido.
Las flores nos rodean
de voluptuosidad, olor, color, forma sensual;
nos rodeamos de ellas, que son sexos
de colores, de formas, de olores diferentes;
enviamos un sexo en una flor,
dedicado presente de oro de ideal,
a un amor virgen;
sexo rojo a un glorioso, sexos blancos
a una novicia, sexos violetas
a la yacente. Y el idioma,
qu confusin; qu cosas nos decimos
sin saber lo que nos decimos.
Amor, amor, amor (lo dijo Yeats)
amor en el lugar del escremento.
Asco de nuestro ser, nuestro principio
que ms nos vive y ms nos muere?
Qu es, entonces, la suma que no resta;
dnde est, matemtico celeste,
y nuestro fin; asco de aquello
la suma que es el todo y que no acaba?
Hermoso es no tener lo que se tiene,
nada de lo que es fin para nosotros,
es fin, pues que se vuelve
contra nosotros, y el fin nunca se nos vuelve.
Aquel chopo de luz me lo deca,
en Madrid, contra el aire turquesa del otoo:
Termnate en ti mismo como yo.
Todo lo que volaba alrededor,
qu raudo era, y l qu insigne
con lo suyo, en lo suyo, verde y oro,
sin mejor en lo verde que en el oro.
Alas, cantos, luz, palmas, olas, frutas
me rodean, me envuelven en su ritmo,
en su gracia, en su fuerza delicada, y yo me olvido
de m entre ello, y bailo y canto,
y ro y lloro por los otros embriagado.
Esto es vivir? Hay otra cosa
ms que este vivir de cambio y gloria?
Yo oigo siempre esa msica que suena
en el fondo de todo, ms all;
ella es la que me llama desde el mar;
por la calle, en el sueo.
A su aguda y serena desnudez,
siempre estraa y sencilla,
el ruiseor es slo un calumniado prlogo.
Qu letra,
luego, la suya!
El msico mayor tan slo la ahuyenta.
Pobre del hombre
si la mujer oliera, supiera siempre a rosa.
Qu dulce la mujer normal, qu tierna,
qu suave (Villn), qu forma de las formas,
qu esencia, qu sustancia
de las sustancias, las esencias, qu lumbre de las lumbres;
la mujer, madre, hermana, amante.
Luego, de pronto, esta dureza
de ir ms all de la mujer,
de la mujer que es nuestro todo, donde
debiera terminar nuestro horizonte.
Las copas de veneno,
qu tentadoras son, y son de flores, yerbas y hojas.
Estamos rodeados de veneno
que nos arrulla como el viento,
arpas de luna y sol en ramas tiernas,
colgaduras ondeantes venenosas
y pjaros en ellas, como estrellas de cuchillo;
veneno todo, y el veneno
nos deja a veces no matar.
Eso es dulzura, dejacin
de un mandato, y eso es pausa y escape.


Entramos por los robles melenudos;
rumoreaban su vejez cascada,
oscuros, rotos, huecos, monstruosos,
con colgados de telaraas fnebres;
el viento les meca las melenas,
en medrosos, estraos ondeajes,
y entre ellos, por la sombra baja, honda,
vena el rico olor del azahar,
de las tierras naranjas, grito
ardiente con gritillos blancos
de muchachas y nios.
Un rbol paternal, de vez en cuando,
junto a una casa, sola en un desierto
(seco y lleno de cuervos; aquel tronco
huero, gris, lacio, a la salida del verdor profuso,
con aquel cuervo muerto, suspendido
por una pluma de una astilla,
y los cuervos an vivos posados ante l
sin atreverse a picotarlo, serios).
Y un rbol sobre un ro. Qu honda vida
la de estos rboles, qu personalidad,
qu inmanencia, qu calma, qu llenura
de corazn total queriendo darse;
(aquel camino que parta
en dos aquel pinar que se anhelaba);
y por la noche, qu rumor
de primavera interna en sueo negro.
Qu amigo un rbol, aquel pino, verde, grande,
pino redondo, verde,
junto a la casa de mi Fuentepia;
pino de la Corona, dnde ests?,
ests ms lejos que si yo estuviera lejos?
Y qu canto me arrulla tu copa milenaria
que cobijaba pueblos y alumbraba de su forma
rotunda y vigilante al marinero.
La msica mejor
es la que suena y calla, que aparece
y desaparece,
la que concuerda, en un de pronto,
con nuestro or ms distrado.
Lo que fue esta maana ya no es,
ni ha sido ms que en m, gloria suprema,
escena fiel, que yo, que la creaba,
crea de otros ms que de m mismo.
Los otros no lo vieron; mi nostalgia,
que era de estar con ellos,
era de estar conmigo, en quien estaba.
La gloria es como es, nadie la mueva,
no hay cosa que quitar ni que poner,
y el dios actual est muy lejos, distrado
tambin con tanta menudencia grande que le piden.
Si acaso, en sus momentos
de jardn, cuando acoje al nio libre,
lo nico grande que ha creado,
se encuentra pleno en un s pleno.
Qu bellas estas flores secas
sobre la yerba fra del jardn que ahora
es nuestro. Un libro, libro?
Bueno es dejar un libro
grande a medio leer, sobre algn banco,
lo grande que termina; y hay que darle
una leccin al que lo quiere terminar,
al que pretende que lo terminemos.


Grande es lo breve
y si queremos ser y parecer ms grandes,
unamos con amor. El mar no es
ms que gotas unidas, ni el saber
que palabras unidas, ni el amor
que murmullos unidos, ni t, cosmos,
que cosmillos unidos. Lo ms bello
es el tomo ltimo,
el solo indivisible
y que por serlo no es, ya ms, pequeo.
Unidad de unidades es lo uno;
y qu viento ms plcido levanta
esas nubes menudas al cnit,
qu dulce luz en esta suma roja nica.
Suma es la vida suma, y dulce.
Dulce como esta luz era el amor,
qu plcido este amor tambin. Sueo, he dormido?
Hora celeste y verde toda y solos,
hora en que las paredes y las puertas
se desvanecen como agua, aire,
y el alma sale y entra en todo, de y por todo,
con una comunicacin de luz y sombra.
Todo ve con la luz de dentro, todo es dentro,
y las estrellas no son ms que chispas
de nosotros que nos amamos,
perlas bellas
de nuestro roce fcil y tranquilo.
Qu luz tan buena para nuestra vida
y nuestra eternidad. El riachuelo iba
hablando bajo por aquel barranco,
entre las tumbas, casas de las laderas verdes;
valle dormido, valle adormilado.
Todo estaba en su verde, en su flor; los mismos muertos
en verde y flor de muerte;
la piedra misma estaba en verde y flor de piedra.
All se entraba y se sala
como en el lento anochecer, del lento amanecer.
Todo lo rodeaba piedra, cielo, ro;
y cerca el mar, ms muerte que la tierra,
el mar lleno de muertos de la tierra,
sin casa, separados, engullidos
por una variada dispersin.
Para acordarme de porqu he nacido,
vuelvo a ti, mar. El mar que fue mi cuna,
mi gloria y mi sustento,
el mar eterno y solo
que me llev al amor; y del amor
es este mar que ahora
viene a mis manos, ya ms duras,
como un cordero blanco
a beber la dulzura del amor.
Amor el de Elosa; qu ternura,
qu sencillez, qu realidad perfecta.
Todo claro y nombrado con su nombre
en llena castidad. Y ella, enmedio de todo,
intacta de lo bajo entre lo pleno.
Si tu mujer, Pedro Abelardo, pudo ser as,
el ideal existe, no hay que falsearlo.
Tu ideal existi, por qu lo falseaste,
necio Pedro Abelardo?
Hombres, mujeres, hombres,
hay que encontrar el ideal, que existe.
Elosa, Elosa, en qu termina
el ideal, y di, qu eres ahora
y dnde ests? Por qu, Pedro Abelardo vano,
la mandaste al convento y t te fuiste
con los monjes plebeyos, si ella era,
el centro de tu vida, su vida, de la vida,
y hubiera sido igual contigo ya capado,
que antes, si era el ideal? No lo supiste
y yo soy quien lo s, desobediencia
de la dulce obediente, plena gracia.
Amante, madre, hermana, nia t, Elosa,
qu bien te conocas y te hablabas,
qu tiernamente te nombrabas a l,
y qu azucena verdadera fuiste.
Otro hubiera podido oler la flor
de la verdad fatal que dio tu tierra.
No estaba seco el rbol del invierno,
como se dice, y yo cre en mi juventud;
como yo, tiene el verde, el oro, el grana
en la raz y dentro, muy adentro, tanto
que llena de color doble infinito.
Tronco de invierno soy, que en la muerte
va a dar de s la copa doble llena
que ven slo como es los deseados.
Vi un tocn, a la orilla del mar neutro;
arrancado del suelo, era
como un muerto animal; la muerte daba
a su quietud seguridad de haber estado vivo;
sus arterias cortadas con el hacha,
echaban sangre todava. Una miseria,
un rencor de haber sido as arrancado
de la tierra, sala de su entraa endurecida
y se espanda con el agua y por la arena,
hasta el cielo infinito, azul.
La muerte, y sobre todo, el crimen,
da igualdad a lo vivo, lo ms y menos vivo,
y lo menos parece siempre con la muerte ms.
No, no era todo menos, como dije un da, todo es menos,
todo era ms, y por haberlo sido,
es ms morir para ser ms, del todo ms.
Qu ley de vida juzga con su farsa
a la muerte sin ley y la aprisiona
en la impotencia? S, todo, todo ha sido ms
y todo ser ms. No es el presente
sino un punto de apoyo o de comparacin,
ms breve cada vez; y lo que deja
y lo que coge, ms, ms grande.
No, ese perro que ladra al sol cado,
no ladra en el Monturrio de Moguer,
ni cerca de Carmona de Sevilla,
ni en la calle Torrijos de Madrid;
ladra en Miami, Coral Gables, La Florida,
y yo lo estoy oyendo all,
all, no aqu, no aqu, all, all.
Qu vivo ladra siempre el perro al sol que huye;
y la sombra que viene llena el punto
redondo que ahora pone el sol sobre la tierra,
como un agua su fuente,
el contorno en penumbra alrededor;
y alrededor, despus, todos los crculos
que llegan hasta el lmite redondo
de la esfera del mundo, y siguen, siguen.
Yo te o, perro, siempre,
desde mi infancia, igual que ahora; t no cambias
en ningn sitio, eres igual
a ti mismo, como yo. Noche igual,
todo sera igual si lo quisiramos,
si serlo lo dejramos. Y si dormimos,
qu abandonada queda la otra realidad.
Nosotros les comunicamos a las cosas
nuestra inquietud de da, de noche nuestra paz.
Cundo, cmo duermen los rboles?
Cuando los deja el viento dormir, dijo la brisa.
Y cmo nos precede, brisa quieta y gris, el perro fiel
cuando vamos a ir de madrugada
adonde sea, alegres o pesados;
l lo hace todo, triste o contento, antes que nosotros.
Yo puedo acariciar como yo quiera
a un perro, un animal cualquiera, y nadie dice nada;
pero a mis semejantes no, no est bien visto
hacer lo que se quiera con ellos, si lo quieren
como un perro.
Vida animal, hermosa vida? Las marismas
llenas de bellos seres libres, que me esperan
en un rbol, un agua o una nube,
con su color, su forma, su cancin, su gesto,
su ojo,
su comprensin hermosa,
dispuestos para m que los entiendo!
El nio todava me comprende,
la mujer me quisiera comprender,
el hombre... no, no quiero nada con el hombre,
es estpido, infiel, desconfiado1
y cuando ms adulador, cientfico.
Cmo se burla la naturaleza
del hombre, de quien no la comprende como es.
Y todo debe ser o es echarse a dios
y olvidarse de todo lo creado
por dios, por s, por lo que sea.
Lo que sea, es decir, la verdad nica,
yo te miro como me miro a m
y me acostumbro a toda tu verdad como a la ma.
Contigo, lo que sea, soy yo mismo,
y t, t mismo, misma, lo que seas.
El canto?
El canto, el pjaro otra vez!
Ya ests aqu, ya has vuelto, hermosa, hermoso,
con otro nombre,
con tu pecho azul gris cargado de diamante.
De dnde llegas t,
t en esta tarde gris con brisa clida?,
qu direccin de luz y amor
sigues entre las nubes de oro crdeno?
Ya has vuelto a tu rincn verde sombro.


Cmo t, tan pequeo, di, t lo llenas todo
y sales por el ms?
S, s, una nota de una caa,
de un pjaro, de un nio, de un poeta,
lo llena todo y ms que el trueno.
El estrpito encoje, el canto agranda.
T y yo, pjaro, somos uno;
cntame, canta t, que yo te oigo,
que mi odo es tan justo por tu canto;
ajstame tu canto ms a este odo mo
que espera que lo llenes de armona.
Vas a cantar, toda otra primavera,
vas a cantar.
Otra vez t, otra vez la primavera,
la primavera enmedio de la primavera!
Si supieras lo que eres para m.
Cmo podra yo decirte lo que eres,
lo que eres t, lo que soy yo, lo que eres para m?
Cmo te llamo, cmo te escucho, cmo te adoro, hermano eterno,
pjaro de la gracia y de la gloria,
humilde, delicado, ajeno,
ngel del aire nuestro,
derramador de msica completa!
Pjaro, yo te amo, como a la mujer,
a la mujer, tu hermana ms que yo.
S, bebe ahora el agua de mi fuente,
pica la rama, salta lo verde, entra, sal,
rejistra toda tu mansin de ayer,
mrame bien a m, pjaro mo,
consuelo universal de hombre y mujer, mujer y hombre.
Vendr la noche inmensa, abierta toda,
en que me cantars del paraso,
en que me hars el paraso, aqu, yo, t,
aqu, ante el echado insomnio de mi ser.
Pjaro, amor, luz, esperanza,
nunca te he comprendido como ahora,
nunca he visto tu dios como hoy lo veo,
el dios que acaso fuiste t y que me comprende.
Los dioses no tuvieron ms sustancia
que la que tienes t.
Qu hermosa primavera nos aguarda
en el amor, fuera del odio!
Ya soy feliz! El canto, t y tu canto!
El canto...
Yo vi jugando al pjaro y la ardilla,
al gato y la gallina, al elefante
y al oso, al nombre con el hombre.
Yo vi jugando al hombre con el hombre,
cuando el hombre cantaba. No, este perro no levanta
los pjaros, los mira, los comprende,
los oye, se echa al suelo, y calla y suea ante ellos.
Qu grande el mundo en paz, qu azul tan bueno
para el que puede no gritar, puede cantar,
cantar y comprender y amar!
Inmensidad, en ti y ahora vivo;
ni montaas, ni casi piedra, ni agua,
ni cielo casi, inmensidad
y todo y slo inmensidad;
esto que abre y que separa
el mar del cielo, el cielo de la tierra,
y, abrindolos y separndolos,
los deja ms unidos y cercanos,
llenando con lo lleno lejano la totalidad.
Espacio y tiempo y luz en todo yo,
en todos y yo y todos.
Yo con la inmensidad. Esto es distinto,
nunca lo sospech y ahora lo tengo.
Los caminos son slo entradas o salidas
de luz, de sombra, sombra y luz, y todo vive en ellos
para que sea ms inmenso yo,
y t seas.
Qu regalo de mundo, qu universo mjico,
y todo para todos, para m. Yo, universo inmenso,
dentro, fuera de ti, segura inmensidad.
Imjenes de amor en la presencia
concreta; suma gracia y gloria de la imajen,
vamos a hacer eternidad, vamos a hacer la eternidad,
vamos a ser eternidad,
vamos a ser la eternidad?
Vosotras, yo, podremos
crear la eternidad una y mil veces,
cuando queramos. Todo es nuestro
y no se nos acaba nunca. Amor,
contigo y con la luz todo se hace,
y lo que hace el amor no acaba nunca!



(Por La Florida, 1941-42)



De: En el otro costado



JUAN RAMN JIMNEZ


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