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Pero en las zonas nfimas del ojo... (Muerte sin fin)
de Jos Gorostiza


    Editora del fonograma:
    Voz Viva de Mxico. UNAM

en la voz de Jos Gorostiza    


Pero en las zonas nfimas del ojo... (Muerte sin fin)



Pero en las zonas nfimas del ojo
no ocurre nada, no, slo esta luz
ay, hermano Francisco,
esta alegra,
nica, riente claridad del alma.
Un disfrutar en corro de presencias,
de todos los pronombres antes turbios
por la gruesa efusin de su egosmo
de m y de l y de nosotros tres
siempre tres!
mientras nos recreamos hondamente
en este buen candor que todo ignora,
en esta aguda ingenuidad del nimo
que se pone a soar a pleno sol
y suea los pretritos de moho,
la antigua rosa ausente
y el promedio fruto de maana,
como un espejo del revs, opaco,
que al consultar la hondura de la imagen
le arrancara otro espejo por respuesta.
Mirad con qu pueril austeridad graciosa
distribuye los mundos en el caos,
los echa a andar acordes como autmatas;
al impulso didctico del ndice
oscuramente
hop!
los apostrofa
y saca de ellos cintas de sorpresas
que en un juego sinfnico articula,
mezclando en la insistencia de los ritmos
planta-semila-planta!
planta-semila-planta!
su tierna brisa, sus follajes tiernos,
su luna azul, descalza, entre la nieve,
sus mares plcidos de cobre
y mil y un encantadores gorgoritos.
Despus, en un crescendo insostenible,
mirad cmo dispara cielo arriba,
desde el mar,
el tiro prodigioso de la carne
que an a la alta nube menoscaba
con el vuelo del pjaro,
estalla en l como un cohete herido
y en sonoras estrellas precipita
su desbandada plvora de plumas.
Mas en la mdula de esta alegra,
no ocurre nada, no;
slo un cndido sueo que recorre
las estaciones todas de su ruta
tan amorosamente
que no elude seguirla a sus infiernos,
ay, y con qu miradas de atropina,
tumefactas e inmviles, escruta
el curso de la luz, su instante flgido,
en la piel de una gota de roco;
concibe el ojo
y el intangible aceite
que nutre de esbeltez a la mirada;
gobierna el crecimiento de las uas
y en la raz de la palabra esconde
el frondoso discurso de ancha copa
y el poema de difanas espigas.
Pero an ms porque en su cielo impo
nada es tan cruel como este puro goce
somete sus imgenes al fuego
de especiosas torturas que imagina
las infla de pasin,
en el prisma del llanto las deshace,
las ciega con lustre de un barniz,
las satura de odios purulentos,
rencores znganos
como una mala costra,
angustias secas como la sed del yeso.
Pero an ms porque, inmune a la mcula,
tan perfecta crueldad no cede a lmites
perfora a la substancia de su gozo
con rudos alfileres;
piensa el tumor, la lcera y el chancro
que habrn de festonar la tez pulida,
toma en su mano etrea a la criatura
y la enjuta, la hincha o la demacra,
como a un copo de cera sudorosa,
y en un ilustre hallazgo de irona
la estrecha enternecido
con los brazos glaciales de la fiebre.

Mas nada ocurre, no, slo este sueo
desorbitado
que se mira a s mismo en plena marcha;
presume, pues, su termino inminente
y adereza en el acto
el plan de su fatiga,
su justa vacacin,
su domingo de gracia all en el campo,
al fresco albor de las camisas flojas.
Qu trebolar mullido, qu parasol de niebla,
se regala en el nimo
para gustar la miel de sus vigilias!
Pero el ritmo es su norma, el solo paso,
la sola marcha en crculo, sin ojos;
as, aun de su cansancio, extrae
hop!
largas cintas de sorpresas
que en un constante perecer enrgico,
en un morir absorto,
arrasan sin cesar su bella fbrica
hasta que hijo de su misma muerte,
gestado en la aridez de sus escombros
siente que su fatiga se fatiga,
se erige a descansar de su descanso
y suea que su sueo se repite,
irresponsable, eterno,
muerte sin fin de una obstinada muerte,
sueo de garza anochecido a plomo
que cambia s de pie, mas no de sueo,
que cambia s la imagen,
mas no la doncellez de su osada
oh inteligencia, soledad en llamas!
que lo consume todo hasta el silencio,
s, como una semilla enamorada
que pudiera soarse germinando,
probar en el rencor de la molcula
el salto de las ramas que aprisiona
y el gusto de su fruta prohibida,
ay, sin hollar, semilla casta,
sus propios impasibles tegumentos.




JOS GOROSTIZA


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