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Poema de un da
de Antonio Machado


    Editora del fonograma:
    La Palabra

en la voz de Fernando Fernn Gmez y Agustn Gonzlez    


Poema de un da



Heme aqu ya, profesor
de lenguas vivas (ayer
maestro de gay-saber,
aprendiz de ruiseor)
en un pueblo hmedo y fro,
destartalado y sombro,
entre andaluz y manchego.
Invierno. Cerca del fuego.
Fuera llueve un agua fina,
que ora se trueca en neblina,
ora se torna aguanieve.
Fantstico labrador,
pienso en los campos. Seor,
qu bien haces! Llueve, llueve
tu agua constante y menuda
sobre alcaceles y habares,
tu agua muda,
en viedos y olivares.
Te bendecirn conmigo
los sembradores del trigo;
los que viven de coger
la aceituna;
los que esperan la fortuna
de comer;
los que hogao,
como antao,
tienen toda su moneda
en la rueda,
traidora rueda del ao.
Llueve, llueve; tu neblina
que se torne en aguanieve,
y otra vez en agua fina!
Llueve, Seor, llueve, llueve!

En mi estancia, iluminada
por esta luz invernal,
la tarde gris tamizada
por la lluvia y el cristal,
sueo y medito.
Clarea
el reloj arrinconado,
y su tic-tic, olvidado
por repetido, golpea.
Tic-tic, tic-tic... Ya te he odo.
Tic-tic, tic-tic... Siempre igual,
montono y aburrido.
Tic-tic, tic-tic, el latido
de un corazn de metal.
En estos pueblos, se escucha
el latir del tiempo? No.
En estos pueblos se lucha
sin tregua con el rel,
con esa monotona,
que mide un tiempo vaco.
Pero tu hora es la ma?
Tu tiempo, reloj, el mo?
(Tic-tic, tic-tic)... Era un da
(tic-tic, tic-tic) que pas,
y lo que yo ms quera
la muerte se lo llev.

Lejos suena un clamoreo
de campanas...
Arrecia el repiqueteo
de la lluvia en las ventanas.
Fantstico labrador,
vuelvo a mis campos. Seor,
cunto te bendecirn
los sembradores del pan!
Seor, no es tu lluvia ley,
en los campos que ara el buey,
y en los palacios del rey?
Oh, agua buena, deja vida
en tu huida!
Oh, t, que vas gota a gota,
fuente a fuente y ro a ro,
como este tiempo de hasto
corriendo a la mar remota,
con cuanto quiere nacer,
cuanto espera
florecer
al sol de la primavera,
s piadosa,
que maana
sers espiga temprana,
prado verde, carne rosa,
y ms: razn y locura
y amargura
de querer y no poder
creer, creer y creer!

Anochece;
el hilo de la bombilla
se enrojece,
luego brilla,
resplandece,
poco ms que una cerilla.
Dios sabe dnde andarn
mis gafas... entre librotes,
revistas y papelotes,
quin las encuentra?... Aqu estn.
Libros nuevos. Abro uno
de Unamuno.
Oh, el dilecto,
predilecto
de esta Espaa que se agita,
porque nace o resucita!
Siempre te ha sido, oh Rector
de Salamanca!, leal
este humilde profesor
de un instituto rural.
Esa tu filosofa
que llamas diletantesca,
voltaria y funambulesca,
gran Don Miguel, es la ma.
Agua del buen manantial,
siempre viva,
fugitiva;
poesa, cosa cordial.
Constructora?
No hay cimiento
ni en el alma ni en el viento.
Bogadora,
marinera,
hacia la mar sin ribera.
Enrique Bergson: Los datos
inmediatos
de la conciencia
. Esto es
otro embeleco francs?
Este Bergson es un tuno;
verdad, maestro Unamuno?
Bergson no da como aquel
Immanuel
el volatn inmortal;
este endiablado judo
ha hallado el libre albedro
dentro de su mechinal.
No est mal:
cada sabio, su problema,
y cada loco, su tema.
Algo importa
que en la vida mala y corta
que llevamos
libres o siervos seamos;
mas, si vamos
a la mar,
lo mismo nos han de dar.
Oh, estos pueblos! Reflexiones,
lecturas y acotaciones
pronto dan en lo que son:
bostezos de Salomn.
Todo es
soledad de soledades,
vanidad de vanidades,
que dijo el Eclesiasts?
Mi paraguas, mi sombrero,
mi gabn... El aguacero
amaina... Vmonos, pues.

Es de noche. Se platica
al fondo de una botica.
Yo no s,
Don Jos,
cmo son los liberales
tan perros, tan inmorales.
Oh, tranquilcese ust!
Pasados los carnavales,
vendrn los conservadores,
buenos administradores
de su casa.
Todo llega y todo pasa.
Nada eterno:
ni gobierno
que perdure,
ni mal que cien aos dure.
Tras estos tiempos, vendrn
otros tiempos y otros y otros,
y lo mismo que nosotros
otros se jorobarn.
As es la vida, Don Juan.
Es verdad, as es la vida.
La cebada est crecida.
Con estas lluvias...
Y van
las habas que es un primor.
Cierto; para marzo, en flor.
Pero la escarcha, los hielos...
Y adems, los olivares
estn pidiendo a los cielos
agua a torrentes.
A mares.
Las fatigas, los sudores
que pasan los labradores!
En otro tiempo...
Llova
tambin cuando Dios quera.
Hasta maana, seores.

Tic-tic, tic-tic... Ya pas
un da como otro da,
dice la monotona
del rel.

Sobre mi mesa Los datos
de la conciencia
, inmediatos.
No est mal
este yo fundamental,
contingente y libre, a ratos,
creativo, original;
este yo que vive y siente
dentro la carne mortal
ay! por saltar impaciente
las bardas de su corral.



ANTONIO MACHADO


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