sitemap
Palabra Virtual
sguenos en twitter

Si utilizas un telfono mvil o celular o bien una tablet asegrate que el browser sea compatible con flash para poder escuchar los poemas.

Comparte el poema con tus amigos

Copia y pega este enlace en un mensaje instantneo o de correo electrnico

Comparte el poema en tu blog o pgina personal

Copia y pega este enlace en tu blog o pgina personal





Relacin de los hechos
de Jos Carlos Becerra


    Editora del fonograma:
    Voz Viva de Mxico. UNAM

en la voz de Julio Trujillo    


Relacin de los hechos



Esta vez volvamos de noche,
los horarios del mar haban guardado sus pjaros y sus anuncios de vidrio,
las estaciones cerradas por da libre o da de silencio,
los colores que an pudimos llamar humanos oficiaban en el amanecer
como banderas borrosas.

Esta vez el barco navegaba en silencio,
las espumas parecan orillar a un corazn desgarrado por los hbitos de la noche.
Algo tenamos en el tumbo lejano de las olas,
en la vaga mencin de la tierra que en la forma de un ave el cielo retuvo
un momento en la tarde contra su pecho,
algo tenamos en el empuje ahora sosegado, fresco y oscuro de las mareas.

Ms all del mensaje radiado por los cabellos de los ahogados,
de la bajamar que deja grises los labios como el dolor inexperto,
de las maderas podridas y la sal constituida por el crimen de las aglomeraciones solitarias,
del pecho marcado por el hierro del silencio; ms all,
el chillido del pjaro marino que demuele la tarde con un picotazo en el poniente,
la mujer que atraviesa la noche con una inscripcin azul en los ojos,
el hombre que juega distrado con el amanecer como con un cuchillo filoso y deslumbrante.

Slo el rumor de la brisa entre las cuerdas,
la respiracin apaciguada de los dormidos como si no descansaran sobre el mar,
sino a la sombra del hogar terrestre.
Slo el rumor de la brisa entre las cuerdas,
el ritmo latente del otoo que se acerca a la tierra para enumerarla.

As nos tendamos en el tnel secreto del amanecer,
alcobas que nos asuman fuera de horarios,
hoteles sealados para dormir bajo el ala del invierno,
en el recuerdo contradictorio que se establece en nuestro corazn como un depsito de estatuas.

Slo hablbamos debajo de la sal,
en las ltimas consideraciones de la estacin lluviosa, en la espesa humedad de la madera.
Slo hablbamos en la boca de la noche,
all escuchbamos los nombres que las aguas deshacan olvidando.
Mi camisa estaba llena de huellas oscuras y diurnas,
y la Palabra, la misma, devorando mi boca,
comiendo como un animal hambriento en el corazn de aquel que la padece y la dice.

Yo miraba igual que los ros,
verificaba las rotas murallas, los andrajos humanos que la eternidad retiraba de la muerte
igual que retiran el vendaje de la herida curada.
Yo descubra pasos en el amanecer
y me cegaba aquel silencio que como mano oscura
pareca cubrir la vida de todo lo dormido.

Tambin el mar volva, volva el amanecer con su cabeza incendiada.
Y yo reconoca en el olor de la brisa la cercana de las estaciones,
el lenguaje que despierta en la boca de los dormidos
como un enjambre de insectos hmedos y brillantes.

Y t tambin volvas, volvas de alguna forma de mirar, de algn desenlace;
vana donde tu cuerpo careca de espacio, en tu propio centro de navegacin,
en ese espacio que tu tristeza conceda al rumor de las aguas.
Incorporabas tus ojos al desenlace nocturno,
meditabas tu sangre en todos los espejos penetrados por el animal de la niebla.

Y eras t, de pie en tus ojos, como aquella que alimenta su desnudo con viento,
t como la inminencia del amanecer que rodea con un corazn amarillo a los labios.
T escuchando tu nombre en mi voz como si un pjaro escapado de tus hombros
se sacudiera las plumas en mi garganta;
desenvuelta y solitaria, con entrecerrada melancola, mirndome.

Y ramos los dos asiduos a las lluvias que desentierran en
esa pregunta que pesa tanto en los labios, el otoo al abismo,
que cae al fondo de nuestra voz sin remedio
o se agazapa en un rincn oscuro como un perro asustado
al que es intil llamar dulcemente.

Y sin embargo, all estbamos,
all estbamos cuando las manos se enlazan y rozan al corazn sooliento
como una suave advertencia,
en esa bsqueda, cuando el presentimiento de los cuerpos son los labios.

Cuerpo de viaje cuya mejor seal es una cicatriz de nube,
t tambin habas escuchado en quin sabe qu momento del sosiego nocturno,
ese rumor de tela que va enlazando al ocano cuando amanece,
esa primera tibieza destinada slo para los cuerpos enlazados.

El primer rayo de sol ya pona su adelfa en el agua,
y un roce de astros, de manos ms plidas que el esfuerzo de atardecer,
an toc el horizonte que el mar retiraba.

Esta vez volvamos,
el amanecer te daba en la cara como la expresin ms viva de ti misma,
tus cabellos llevaban la brisa,
el puerto era una flor cortada en nuestras manos.



De: Relacin de los hechos



JOS CARLOS BECERRA


Copyright Derechos reservados del titular.

Los poemas, poemas con voz, videos y libros en pdf presentados en este portal son propiedad de sus autores o herederos o titulares de los mismos.



regresar a la pgina anterior 































Los poemas, poemas con voz, videos y libros en pdf presentados en este portal son propiedad de sus autores o herederos o titulares de los mismos.

El Portal de la Palabra Virtual no persigue ningn fin de lucro ya que tiene como objetivo exclusivamente el carcter cultural y educativo de difundir la poesa hispanoamerica.



Copyright 2006-2008 Palabra Virtual Inc. Todos los derechos reservados.
Copyright 2006-2008 Virtual Word Inc. Worldwide Copyrights.

166 visitantes activos
en este momento


           visitas nicas