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La cancin del mendigo ciego
de Espido Freire


    Editora del fonograma:
    Palabra Virtual

en la voz de Carmen Feito Maeso    


La cancin del mendigo ciego



Era un da y una noche
desapareci engullida por las aguas.
Las algas flotaban cenicientas
Sobre el revuelto mar de lodo.
De nada le sirvieron sus riquezas,
los agujeros de cobre y estao,
el yacimiento eterno de mbar,
las minas de sal
que le dieron el nombre.
Aland la blanca
yace bajo el mar en silencio.
Tened piedad, slo una moneda...
En Aland se erguan orgullosos
los palacios de los reyes de la tierra.
Diez reyes, diez palacios,
grandes seores prdigos y dichosos.
Con caprichosas formas haban levantado
enormes salas, recintos
rebosantes de oro y de esmeraldas,
arcos y escaleras de caracol
con delicadas taraceas;
el marfil pavimentaba las calles
y con mbar apostaban los borrachos de las tabernas.
Una moneda, hermosa seora...
Los sabios enseaban en el mercado,
las canciones sonaban tras las ventanas,
noche y da.
En el aire almizclado de la tarde
las risas tras los velos de las mujeres,
sus largas cabelleras ondulantes,
anunciaban placeres clandestinos.
Y los reyes, en sus palacios ribereos
soaban con derrotar a la muerte
y gobernar el universo.
Quimeras de una existencia venturosa,
juventud, belleza, fuerza,
un atajo fugaz a los sueos,
onda rota en el estanque.
Gracias, seor.
Y miraron los dioses
Hacia la blanca Aland de orillas y de sal

Y cuencas de arena.
Sonriendo, como nios ingenuos,
Convocaron el sol, las nubes ardientes,
el ocano infurecido;
desgarraron la tierra y la vida de los hombres.
Se hundieron los palacios,
se inici la noche perenne
durmi la luna en el fondo de las nieblas
partieron cargados los barcos de los muertos,
y slo invierno eterno, hielo perpetuo
mor sobre la grcil ciudad de Aland.
nicamente un nio,
el menor de los hijos del dcimo rey
hall piedad a los ojos de los dioses.
Se alej en busca de caracolas
que blanqueaban entre la sal,
y un paso,
y otro,
se adentr en el agua.
Con las manos llenas de conchas
se volvi hacia su ayo
y slo encontr fuego,
muerte y destruccin
(llegar el fin de la muerte,
seremos dueos del universo,
reinaremos con fuerza, juventud, belleza...).

El fin del mundo.
La tierra ceda bajo sus pies,
giraron las estrellas y lleg la noche.
Una moneda, seor.
No apareci el nio. Las mujeres acuticas,
Encaprichadas con sus ojos, le llevaron a su reino.
Quizs de all regrese algn da.
Una moneda, seor.
No sabemos con quin hablamos
Y tratamos con extraos an en nuestra casa.
Tal vez deis vuestra limosna a un rey:
tal vez quien ahora pide posey la tierra.




De: Aland la blanca



ESPIDO FREIRE


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