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Efraín Bartolomé

 
 

TROZOS DE SOL



A veces 1 viento de ferocidad
A veces 1 canto


Aldo Pellegrini

Sea de día o sea de noche, la Poesía sólo ocurre cuando el sueño alcanza su máximo grado de intensidad.

Isidore Ducasse

En Trozos de sol (Ediciones al Este del Paraíso, Colección de poesía Más tiempo no es más eternidad), como en todos y cada uno de sus libros anteriores, Efraín Bartolomé en su escritura arranca chispas a su paso; con la firmeza de un látigo, con los destellos imborrables de una reata mojada. Expresión-exhalación que se escucha a galope (agarrando camino, partiendo siempre hacia lo desconocido). Hija de un ímpetu que no es otro que la necesidad inaplazable de tocar -como él mismo dice- la fuente del rayo. Imagen que a mis ojos se corresponde con aquella que en sus días relampagueara el medium surrealista Robert Desnos: "No aceptaré sino sólo aquel beso al que aspiro", o con la canción goliarda donde relumbra el verso: "Sólo el besarte me permitirá seguir vivo. O todo o nada"; como lo espeta sin vacilaciones Unamuno en En el fondo del Abismo: Capítulo VI de El Sentimiento trágico de la vida. Y no es otra la huella, el impacto, el tono, el color, el carácter que sostienen el duro y sensible volumen, el cuerpo y la vocación de la poesía de Bartolomé; nativo de Ocosingo, psicoterapeuta de sí mismo, para quien toda sensación es un descubrimiento, y un poema sólo es posible esculpirlo desnudo, hirviente, como humana flor, con la belleza quemando por dentro.

NITIDEZ ES NETEZ.

Lo mismo en la fiesta del lenguaje que en aquellas otras donde se vibra al contagio del baile y la marimba, este hijo del trópico finca su fuerza en el diario latir de lo imprevisto, maleza que cruza blandiendo corazón y alma. Rabioso uno/ electrizada la otra.
Sin escatimar trayecto/ túnel/ ocaso/ mirador/ sangre/ clorofila/ mordeduras/ gritos/ cantos/ sobresaltos/ con tal de volver al Paraíso; delirio quizás imposible de alcanzar, pero que como pico de hacha herido le sirve de linterna.
Bajo la tempestad, al ritmo de la temperatura del Deseo. El cerebro repleto de llamas. Dondequiera que la vida transcurra: envés de mi alma. ¡Toou, toou, toou! ¡Tijaka! ¡Jeyyy!

(Mario Santiago, Cultura SUR, Número 37, Otoño de 1995, pág. 54)



Entre los últimos meses de 1990 y los primeros seis del presente año; es decir, en menos de un lustro completo, Efraín Bartolomé ha publicado nueve títulos de poesía en los cuales se hallan plaquettes, libros individuales y una reunión de sus primeros cuatro poemarios.
Pero esta abundancia, que se acerca a las setecientas páginas, no ha ido en detrimento del rigor poético que Bartolomé confiere a cada uno de sus libros, a cada uno de sus poemas. En su más reciente poemario, Trozos de sol, Efraín Bartolomé confirma su fe poética en una Invocación que es a la vez certeza y compromiso. Su plegaria encuentra respuesta en el poema mismo. (...) En este extraordinario poema se cifra la totalidad de la búsqueda de Bartolomé. El poeta, como lo quería Julio Torri y como no lo ignora el autor de Trozos de sol, es un descubridor de oro, "del oro más esmerado de la palabra". Y no hay más penoso espectáculo que desgastar las fuerzas y la pasión en un manto que acabó hace mucho. Porque el verdadero poeta "es ante todo un descubridor de filones y no un mísero barretero al servicio de codiciosos accionistas".
Uno de los mayores riesgos de la maestría y del talento es la aparición de los imitadores, los copistas y los plagiarios. Luego de una docena de libros y del fervor de buenos lectores, Efraín Bartolomé se ha ganado un lugar preponderante en la poesía mexicana contemporánea, y hoy incluso padece el dudoso homenaje del plagio. Ello, creo yo, no le afectará, porque "el sagrado poema" tiene por clave secreta "su nombre impronunciable".

(Juan Domingo Argüelles, El Universal Cultural, 23 de agosto de 1995)



Efraín Bartolomé es una personalidad singular de la poesía mexicana de los años recientes. Solar y osado, caudaloso cantor de la naturaleza, enemigo del claroscuro, de estilo versicular, voz poderosa y ritmos cortantes, Bartolomé es uno de los poetas que más entusiasmo han despertado entre los lectores y escritores jóvenes.

(Fernando Fernández, VICEVERSA, Número 22, pág. 24, marzo de 1995)






Nota. Algunos comentarios sobre el libro:

Trozos de sol. Primera edición: Colección Más Tiempo no es más Eternidad. Ediciones Al Este del Paraíso, México, 1995.



 

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